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19 de julio de 2011

Representación

El actual presidente de la CEOE, arremetía ayer contra los “funcionarios prepotentes” y los “parados defraudadores”, en un discurso inconexo que contenía estos dos demagógicos arietes.


¿Son estos los verdaderos frentes abiertos en la actual crisis?, me pregunto, ¿son estos los ámbitos sobre los que la patronal considera imprescindible intervenir, para mejorar la economía y la contratación?.


Cada vez que un ilustre mediático comparece en los medios a representar su papel, la inteligencia se va de vacaciones, el sentido común emigra y la razón y la analítica son asesinadas sin remedio.


Cada notable que habla hace bueno al anterior, de por sí obtuso. Cada figura que se otorga nuestra representación no lo hace en absoluto, ya sean políticos, empresarios, representantes sindicales, famosos, intelectuales…, y hace cierta la consigna del 15M, ¡Que no, que no nos representan…!

27 de junio de 2011

Despedida

Sombras, sombras nos rodean, atisbos inciertos de aromas de sospecha, espectros de personalidades, vestigios que impregnan la memoria.


Panoramas efímeros de frágiles pilares asientan nuestras vidas, la incertidumbre se ha instalado entre nosotros. Nuevas realidades antiguas pueblan nuestras almas, viejas veleidades nuevas las atenazan.


Consciencia de la marcha, éxodo de pensamiento, diáspora de la razón, expatriación de la realidad tejida en la nube.


Todo suena a despedida, despedida soñada, imaginado adiós perturbado en el pétreo ambiente creado, la luz de gas se hizo eléctrica para hacernos luz de gas.


Ausencias, aire colmado de ausencias: la tuya, la mía, la recurrente ausencia. Antiguas y recientes. Suenan clarines de retirada, de huida, evacuación, fuga taimada.


Me despido de ti entre brumas legendarias, neblinas de ayer complacientes, danzarinas, brumas que ocultan lo que es envolviéndolo en recuerdos, igualando ausencia y presencia.


La escena es un cuento, el bar nos traslada a la vieja Habana. Conversando de viajes entre amigos nos despedimos, y la despedida tiene algo de adiós. Vértigo de pensamiento, temor de mañana. Pero la escena sigue bañada en una irreal luz sorollesca, la camarera pasea su esbelto cuerpo entre las gasas de un lánguido vestido que invita a soñar.


Hay algo de antiguo romanticismo; viajes a destinos lejanos, viajeros alejados del turismo, amigos viejos y antiguos amigos, pulso primaveral de comienzo del estío, pasión por soñar.


El aire cálido y la ginebra suavizan las formas, calman al tenso ego, disipan toda responsabilidad. Todo es luz, luz caribeña en la céntrica urbe, luz del corazón para un adiós.

6 de junio de 2011

Emergente

Pensamientos, sentimientos, ideas, emergen desde las profundidades hasta hacerse eco en el display de la mente. Pero, ¿dónde estaban antes?, ¿de dónde brotan?, ¿de qué sustancia están hechos los pensamientos?.


Emergen energías que semejantes a la naturaleza de la luz, mitad onda, mitad partícula, impactan en la superficie cristalina de la mente, modulando su tensión superficial hasta ondularla. Rápido movimiento vibratorio que se transmite con celeridad sobre el fluido elemento.


Emergen porciones de sutil e intangible materia, dibujando volutas de pensamiento, bocetando inspiraciones, ideas, pero también sentimientos, frustraciones, miedos. Rastros de intenciones, restos de idearios alojados en lo profundo, reflejos de cristales conformados en la oscuridad.


Pensamientos humanos, reflejos de otros, sustancia de pensamiento recorriendo una mente universal en la que habita todo pensamiento, cita de todas las posibilidades. Pensamiento cuántico en receptor monocanal.

Brota, el movimiento surge al silencio que se retira un instante, suena el pensamiento errante en su bucle sinfín, sólo interrumpido por otro errático movimiento y a veces por la luz del silencio.


Partículas de energía fina, imperceptibles, etéreas y tenues, partículas de metafísico génesis, impalpables, inaprensibles, incorpóreas, partículas capaces de mover el pensamiento, la voluntad, el deseo, capaces de mover el mundo.

20 de mayo de 2011

Reflexión

Reflexionar es considerar nueva o detenidamente una cosa, es examinar un sujeto su estado íntimo y sus pensamientos, es pensar sobre algo que se va a hacer o sobre la conducta que se va a seguir.


Pensemos en esta jornada de reflexión, por tanto, qué es lo que vamos a hacer y qué conducta seguiremos una vez encendido el 15M.


Reflexionemos sobre la verdadera realidad de unos partidos políticos representantes de sí mismos y de sus intereses: optar o mantenerse en el poder según sean oposición o gobierno, favorecer a los suyos y a sus amigos.


Reflexionemos a cerca de los bancos; empresas cuyo objetivo único es obtener beneficios permanentemente incrementales. Al servicio de sí mismas que ni prestan crédito a Pymes ni a particulares, ni devuelven tampoco el dinero de un rescate, que les permite mantener sus beneficios millonarios.


Reflexionemos sobre nuestro modelo de vida, sustentado en un imposible.


Reflexionemos sobre el poder, el poder del pueblo dejado en manos de gobiernos dirigidos por poderes económicos privados.


Reflexionemos sobre la democracia, secuestrada por un neoliberalismo que funde los cuatro poderes en uno sólo, el poder del capital y su influencia.


Reflexionemos sobre una clase política, entregada a un endemismo autocrático que la sitúa en las antípodas de la ciudadanía. O peor aún, centrada en favorecer sus intereses privados por encima de todo, por supuesto por encima del bien común.


Reflexionemos pues, en esta jornada para la reflexión cargada de interrogantes, interrogantes puestos de manifiesto no por quienes nos gobiernan, sino por la una ciudadanía responsable e indignada.


A Sol, Yo Voy, voy a reflexionar.

7 de mayo de 2011

Justicia

El beneficio de las compañías y de las marcas lo pagan los ciudadanos-consumidores, este ser-consumidor en que nos hemos transmutado. Pagamos los beneficio y las perdidas: si los bancos conceden créditos basura, los intereses de estos estarán protegidos por ley, pero la basura que queda es para el cliente cuando no puede asumir la hipoteca ni pagar con el bien hipotecado.


Si la central de Fukusimha es rentable y es un centro estratégico de energía, los beneficios son para quién la explota, pero en el “improbable” caso de que explote su reactor las consecuencias son para los ciudadanos, que pagarán con su salud y su desgracia el beneficio ajeno.


Cuando el dictador está en el poder el beneficio se reparte entre él y los suyos, siempre es igual, pero para derrocarlo el pueblo tendrá que pagar con sangre y sufrimiento su caída, igual que pagó su permanencia.


No puedes comprar nada sin pagarlo previamente, pero cuando el objeto se estropea, una vez cumplida la garantía, nadie se responsabilizará de los defectos posibles o programados.


Las grandes compañías que explotan los grandes recursos naturales del planeta, se aprovechan de estos recursos gratuitos que son comunes, pero los problemas derivados de la sobreexplotación los pagamos todos.


Ayer la vida miraba hacia un futuro tan falso como garantizado, mostrando una perspectiva de crecimiento y recursos que tendían a infinito, hoy miramos el presente con temor a un futuro tan cierto como inseguro.

1 de abril de 2011

Bien hecho

Una vez más oigo esta frase tan recurrente “Algo habrá hecho bien para tener tanto dinero”.


Algo debieron hacer bien entonces Gadhafi, Berlusconi, Al Capone, Botín…


Hace demasiado tiempo que confundimos lo que está bien, con enriquecimiento. Es una cosmovisión dual y hedonista que identifica éxito con enriquecimiento y fracaso con lo contrario. Así es como nos parece, más relevante un futbolista que un filósofo, nos merece más importancia la opinión de un tertuliano casposo que la de un buen padre de familia, nos interesa más lo que hace una princesa de barrio que la labor de un educador social o de un maestro.


Pero; ¿qué es hacer bien las cosas?, ¿prosperar económicamente, ser famoso, tener poder e influencia sobre los demás, mandar más que otros, poseer cuanto queramos en vez de cuanto necesitamos?


Y sobre todo ¿qué es hacer mal las cosas?, anteponer la honestidad al lucro, trabajar para los demás, entender lo común como una responsabilidad compartida, priorizar el espíritu sobre cuerpo, preferir la belleza a la ostentación…


Hemos elevado el materialismo a niveles indescriptibles, no destacando nada por encima de él que parezca merecer la pena. El capital se antepone o sobrepone, según el caso, a la justicia, a la libertad, al derecho humano. En un mundo material el dinero gana a la educación, al pensamiento, a la libertad, a la solidaridad…


En este negocio que es vivir el materialismo a desterrado la utopía, la practicidad a suplantado a la belleza, la economía al bien común, el beneficio a la salud del planeta.


Este paroxismo materialista teje una red más estrecha cada vez sobre el ser humano, hoy tenemos que gestionar nuestra imagen y reputación en Internet basándonos en los mismos principios que el marketing adopta en la gestión competitiva de marcas y productos, haciendo parecer semejante lo disímil, materializando también al ser humano, transmutándolo en ser-objeto.


De muestra sirva este extracto de una comunicación del ESIC, distribuída entre élites directivas y jóvenes promesas.


“…Teniendo en cuenta todas las estadísticas que llegan a nuestras manos a diario, podemos asegurar que sí, que las marcas, y nuestra propia marca personal, se define por lo que ofrecemos en línea (es decir en Internet). Si tenemos interacciones positivas, tendremos nuevas oportunidades. En caso contrario, las puertas comenzarán a cerrarse.



La pregunta que todos nos hacemos es ¿cómo creo mi reputación en Internet? Esto es crear tu propia marca personal y gestionarla como si fuera lo más sagrado que tenemos. Una buena campaña de marketing personal es lo que hace falta. He aquí una serie de consejos que nos serán de ayuda….”

http://www.esic.edu/esicpress/recurso.aspIdR=693&utm_

source=mknet&utm_medium=email&utm_content=mknet_email_

esicpress+mar+2011_31032011_2505_titu_reputacion&utm_campaign

=mknet_email_esicpress+mar+2011+_31032011_2505


Qué habrán hecho bien, me pregunto, todos estos especuladores que se reparten el mundo, o tal vez deberíamos preguntarnos; que hemos dejado de hacer los demás para que unos pocos ostenten el control de lo común y se atribuyan la propiedad de lo ajeno, ante la aprobación y la admiración de la mayoría, porque ya sabemos que algo bien habrán hecho…

7 de marzo de 2011

Miedo

Seguridad frente a libertad, dos conceptos enfrentados entre sí, binomio siempre en pugna, siempre en riesgo de exclusión. La libertad claudica en el instante mismo en el que surge un recelo de seguridad, sucede siempre, ocurrió después del 11S, sucede cada vez que nos sentimos amenazados, también lo prevén nuestra constitución y nuestras leyes, articulando la derogación de la libre circulación, la libertad de expresión o información… ante el estado de emergencia o de excepción decretado.


Pero la libertad, siempre amenazada, es aún más fácil de recortar cuando se trata de la libertad de otro, y si la defensa de la seguridad lo justifica, poco crédito tienen los principios y fundamentos en los que basamos modelos democráticos y estados de derecho.


Este es el caso de todos estos países árabes ahora sublevados, y el de algunos más, a cuyos regímenes autárquicos y represores hemos apoyado abiertamente sin fisuras ni ética, todo por la “real politique”, y a los que en este momento miramos con recelo ante la posibilidad, de que una vez democratizadas las sociedades, no sepan elegir lo que a nosotros nos conviene. Su libertad nos amenaza.


En este ámbito de pensamientos orbitan ideas como el posible avance del islamismo radical, tan instalado entre los que nos denominamos “occidentales”, como si hubiera un sólo occidente y como si todo el oriente fuera uno y el mismo.


Sin embargo y pese a nuestros temores, el gran ausente en toda esta revuelta árabe es el radicalismo mal llamado islámico, (o acaso hablamos de radicalismo católico o judío), porque lo que se combate realmente es el radical totalitarismo, la dictadura que mantiene esclavos a pueblos enteros, sumidos en la mayor de las miserias humana e intelectual.


Este temor que nos alcanza, no es más que el miedo a que otros teniendo lo que nosotros ostentamos y exportamos, siendo libres en definitiva elijan equivocado, es decir, que no sigan nuestras normas y nuestras pautas. Como si nuestra senda fuera el paroxismo de la excelencia y la cordura.


Europa, aguerrida tierra de conquistadores otrora, madre de librepensadores, tierra en la que se gestó la separación de iglesia y estado, cuna de la Ilustración…, parece olvidada de su pasado reciente, ensimismada en su propia abundancia, adormecida, ahíta de tanto como posee…


Esta Europa pobre de espíritu y rica en divisas, mira con temor al vecino del sur que con su pobreza alimenta su turismo, un vecino cuyo yugo no es una religión atenazante, sino la tenaza del hambre, la mazmorra de la desesperación de un futuro cercenado, inexistente.


El mundo árabe quiere escribir su historia, como ya lo hicimos nosotros antes. Y esto nos da miedo, miedo a la libertad ajena, cuando lo que de verdad aterroriza es nuestra propia seguridad.

1 de febrero de 2011

Silencio

Huyo dejando atrás el ruido compulsivo de la civilizada urbe, para alzarme hasta las cumbres, el reino del silencio.


Silencio, como presencia patente que llena el aire, silencio tangible y persistente. Avanzo con paso lento por el sendero que asciende directo a las cumbres, es un camino certero, rectilíneo, que asciende sin rodeos. Es un camino duro y costoso pero honesto, desentendido de atajos, camino sincero que no oculta en ningún momento sus intenciones ni su objetivo, la cumbre.


La umbría, el frío bosque, el arroyo rebosante, van quedando atrás y la exuberante vegetación cede ante la altura. Piornales veteados de enebros, roquedos, grandes canchales que hablan del pasado glaciar de estas cumbres.

El silencio es palpable, los lentos pasos suenan contenidos como en una cámara de vacío, no se oye ni el canto de un pájaro, ni el más leve rumor del viento. El frío es intenso.


Asciendo, me elevo ganando perspectiva. A medida que el valle se abre al sol, el frío se matiza y el esfuerzo de la ascensión parece algo menos severo. La hermosura del paisaje, el espléndido día, la dilatada visión que sólo interrumpe la bruma matinal desdibujando el horizonte, no son comparables al omnipresente silencio, casi físico que todo lo envuelve.


Sólo recuerdo este silencio en las cumbres, ni tan siquiera en el desierto, un silencio que se asemeja al agua mientras buceo. Es una presencia silente que enfrenta a uno mismo con la turba de pensamientos que, estrepitosa y desarmada, hace ruborizar al ego. Recuerdo este espacio enmudecido desde muy joven, la sensación envolvente de mudez, esta elipsis sonora que es la montaña.


La ladera, convertida en escarpado declive busca la verticalidad, y cada paso hay que ganárselo al camino con decisión, con esfuerzo.


Una brisa helada me anticipa la cercanía de las cumbres. Un gran cambio de escenario acompaña los últimos metros hasta la cima; el valle cede al fin y el collado se abre, sobre una alfombra de nieve y brillante hielo, a nuevos valles sombríos y a las brillantes cumbres nevadas. Un espectáculo de brío contenido, un regalo de tranquilidad eólica inusitada.


La leve brisa no alcanza a romper el silencio; perenne, sobresaliente. Avanzo prudente entre placas de hielo, el frío y el viento esmerilan la nieve.


Miro y me veo en este paisaje desértico, agreste, duro, esencial y bello. Un cálido frío me envuelve junto al rumor silente de este audible silencio.


Un día en las cumbres para ganar en perspectiva, la visión desde arriba dimensiona las cosas, cuán pequeños somos frente a la sencillez elemental de la naturaleza, qué ruidosos frente al infinito silencio.

28 de diciembre de 2010

XXI

Habitamos un siglo que reúne todas las etapas históricas de la humanidad en un mismo tiempo, todas las edades del hombre. Cinco continentes en los que se disgrega la historia humana; prehistoria, medioevo, ilustración, edad moderna..., sociedades extendidas por la superficie del planeta compartiendo espacio sin convivencia. Tiempos coetáneos que distan siglos, espacios colindantes separados por abismos insalvables.


Aldea global, tribu local. Realidades obstinadas en la desemejanza de la divergencia.


Progreso frente a detención, idealismo frente a materialismo, religión frente a cientifismo, ayer frente a hoy, mañana frente a ayer, evolución frente a regresión, dinero frente a altruismo, poder frente a explotación, capital frente a pobreza, economía frente a despilfarro, saber frente a ignorancia, opulencia frente a miseria...


El ser humano sigue muriendo, hoy como ayer, de inanición, escasez, depauperación, falta, penuria, totalitarismo, interés, avaricia, codicia, ausencia, hedonismo, concupiscencia, locura, humillación...


Y muere en todas las épocas, que son una y la misma, aquejado de los mismos males, las mismas plagas, las mismas pandemias que asolaban y asolan el planeta desde antiguo.


Miseria económica en África, Centroamérica o Afganistán, miseria de valores en Rusia, China o Paquistán, miseria de voluntad en todo el bloque occidental, miseria religiosa en el Islam, el catolicismo o el judaísmo, miseria moral en el mundo entero.


Lujo y armas conviven en el mismo suelo donde familias enteras mueren de hambre ante la inacción de estados, gobiernos y dirigentes enriquecidos por la especulación de los bienes comunes. Castas dirigentes que resurgen de las crisis provocadas por ellos mismos, con el dinero y la desolación de todos, ciudadanos que abdican de sus derechos, alienados haciendose cargo de sucesos de los que distan mucho de ser protagonistas.


Todas las edades del hombre están juntas en este siglo, junto a una nueva especie de homínido; ilustrado, acomodado y universitario por lo general, aunque coexisten en él el mono del que procede, el bruto que fue, el ser angustiado por la supervivencia, el procaz, el guerrero, el asesino, el humanista, el ser gregario y recientemente el esclavo del consumo.


Un largo periplo para el ser humano reunido primero en torno a la tribu, al la religión y al nacionalismo después, a las clases sociales luego y ahora en torno al consumo.

10 de diciembre de 2010

Serpiente

Apartada de la luz, entre los salientes rocosos, oculta a las miradas de depredadores y curiosos, se esconde tímida y esquiva. Su habitual elegancia, compostura y soberbia están ensombrecidas por un hálito de vergüenza indefinible.

Recluida, huidiza, apartada, en retirada se encuentra la reina sigilosa del rastreo. A su mente, algo adormecida, brota lo que fue, las hazañas de caza, sus magníficas expectativas, sus grandilocuentes sueños, sus inabarcables anhelos, la agilidad de su rectilíneo cuerpo azote de roedores y pequeños mamíferos.

Su frialdad interior aletarga su corazón y su espíritu, ha reemplazado su permanente deseo de sol por esta oscura sombra de la oquedad pétrea, porque un pudor atenazante la sujeta con mano férrea a la concupiscencia de las rocas.

Todo empezó con un estertor incontrolable y doloroso, una suerte de fricción interior incomprensible y audaz. Una sacudida extraña que le hizo perder la pieza. No le hubiese dado más importancia sino fuera porque poco después vino otra y luego otra sacudida, hasta que la caza, su vida, se convirtió en una compleja agonía que se rebelaba contra las normas que la habían regido hasta ahora.

Lo intentó denodadamente una y otra vez, aunque un oscuro presentimiento ya se había instalado en su triangular cabeza, premonición de un tiempo nuevo, incomprensible, un tiempo desordenado y caótico que no respondía a lo aprendido.

Se refugió abatida primero, extenuada luego, en la rocalla alta de la montaña en la que habitaba, si tenía que morir allí, al menos vería el hermoso valle, cada amanecer y atardecer serían suyos hasta el último día. Su espera pronto se torno en lucha, combate, conflicto interno. Y buscó en su interior todo aquello que parecía negarle el bosque y la vida, miró en lo profundo de su alma, se deslizó por los rincones incógnitos de su corazón y vio fluir la vida, manar la torrencial mente.

Se hundió en sí misma alejándose de todo. Apartada de lo conocido lo cotidiano empezó a parecerle extraño, destiló su esencia más pura mientras le rondaba la muerte, una presencia silente cobró cada vez más fuerza y realidad en ella.

Una tristeza atávica, ancestral, se fundía en su interior con el pulso ardiente de la aventura, del deseo imperioso por lo nuevo, avidez de renovación, aspiración a lo desconocido, pasión por descubrir.

Un vértigo recorría su larga e interminable columna, el hambre hacía estragos en lo físico pero le colmaba de lucidez. Hacía que el más leve movimiento la quemara por dentro, un escozor punzante la mantenía quieta y adormecida, esperando el fin, tanteando la muerte.

Aquella mañana surgió decidida apartando las sombras de la noche y la luz se instaló majestuosa y osada impregnando cada objeto, cada rincón del bosque y de la montaña. Esa misma luz cálida y púrpura iluminó una forma idéntica a ella, pero carente de vida. Es esto la muerte -pensó- y en la debilidad externa en la que se hallaba vislumbró un hálito de interior bienestar, una suerte de extraña complacencia y oxigenada renovación interior y física.

Tanto fue así que la serpiente, después de largas jornadas de agonía, decidió salir de la gruta en la que estaba, dejando atrás todo el sufrimiento esculpido con la forma exacta de su cuerpo.Había cambiado por primera vez en su vida la camisa, la corácea piel exterior que ya no la dejaba crecer, y radiante, aunque algo más humilde y prudente salió al exterior estrenando una nueva.

1 de noviembre de 2010

Incertidumbre

Marcharemos de vacío,
iremos como vinimos,
llevando sólo lo que trajimos.
Lo demás aquí lo dejaremos;
pasiones, sueños, presunciones,
lo que fuimos y lo que ya no seremos.
La incertidumbre es la certeza de no saber. La certeza la seguridad del que no sabe.
En algún lugar lejano y algo recóndito, se esconde el futuro; incierto, esquivo, tan oculto como inexorable. Todo intento de taladrar el velo es vano, todo anhelo de certeza ignorancia.

25 de septiembre de 2010

Nauta

¿Por qué este anhelo permanente de mar?, tal vez la distancia que nos separa es la razón que nos une.

Navego ora cimbreante, ora sereno. Navego en mares encrespados, tranquilos, mares silentes o atropellados. Es el acto de la navegación lo importante, lo esencial, accesorio lo demás.

Hacerse a la mar, a diario, sin que opere desplazamiento, sin moverse del lugar, sin aparente mutabilidad. Mar agitado ausente de movimiento, evolución callada que opera en el seno del inmenso mar que somos dentro.

Todo acontecimiento sucede en nuestro interior, interior fluido e infinito, agitado por la brizna de un pensamiento, sujeto a las mareas sentimentales, influido por el más leve destello.

Navegar, lo importante es la navegación, no lo navegado, porque la navegación hace al navegante lo que es y el objeto de su navegación es sólo la escusa que impulsa la singladura.

Movimiento en el mar del pensamiento; oleaje, corriente, tempestad. Pensamiento en el mar del movimiento; constante, reiterado, manipulador. Movimiento en un mar finito; navegable, solitario, contumaz.

La bitácora es el momento, la brújula la intuición, el rumbo lo marca la creencia, la convicción. El entusiasmo y la esperanza indican la meta; ostensiblemente alcanzable, incomprensiblemente lejana.

Surcando mares interiores voy, traspasando barreras de obstinada realidad. La esencia me toca por la amura de babor mientras la locura brama por sotavento, ejercicio de equilibrio desequilibrado en cada bordada, consecuencia de surcar un espacio fluido como el tiempo, inmaterial como el pensamiento, inasible como el mar.

Decidí mi viaje, hace ya mucho tiempo, lo emprendí igual que sigue sin destino. Navegar, lo importante es navegar, porque navegar es saber, experimentar y el destino, siempre es Ítaca.

6 de septiembre de 2010

Ajeno

La desgracia en soledad sólo es superable por la desgracia compartida con un ajeno, con el desconocido que se cruza en nuestra vida en ese instante vital, doloroso y dolorido, en el que nos asola la desgracia y con el que nunca antes, ni después, volveremos a tener la más leve coincidencia.
Es un espectador ocasional, que se asoma a un largometraje pero del que sólo ve un instante. Sin génesis ni epitafio, sin nudo ni desenlace, sin conexión en suma con nada de lo sucedido ni lo por suceder. Es alguien que se encuentra frente a un marrón vital incapaz de referenciar y al que no le une nada más, que la fortuna insidiosa que lo llevó al lugar inoportuno. Un ajeno.


La desgracia vista así, desde el espectador ocasional que todos llevamos a flor de piel, es una escena sórdida, histriónica a veces, sobreactuada otras, malinterpretada siempre. Sin embargo para el protagonista la situación que le supera, le hiere, le hiende, se quiebra aún más ante la apoplejía temporal de este accidental compañero.


Es una suerte de confluencia de accidentes; la desgracia sobrevenida y sobrepuesta a ella, la presencia del desgraciado que la contempla inopinado. Estupor de quien sufre el doble drama.

Toda palabra, toda queja, cualesquiera explicación, se estrella contra el refractario muro del que se entiende ajeno al suceso, al fortuito acontecer del que no quiere formar parte alguna. Sin vislumbrar que ese encuentro casual le hace partícipe fundamental de una contingencia, que le une con quien la padece en lo más profundo del sufrimiento humano, por tanto común, cercano por tanto, y universal y cotidiano.

El sufrimiento humano, que nos alcanza aun sin quererlo, que nos golpea aunque venga de lejos, deferido como miembros de la misma humanidad y de su suerte compartida. Un sufrimiento del que nadie puede escapar, ni siquiera ese espectador inesperado que se cuela en la desgracia de otros, sin querer entender que hasta el acontecimiento más alejado y remoto, si es humano, es también suyo, es de todos.

21 de julio de 2010

Poema

Mirando al viento, intuyo
brisa, espacio cercano
y ausencia de lo remoto.


Mirando al viento anhelo

briznas de pasado,

en el presente burladero.


Cambio de mirada sabiendo

que nada veo, las respuestas

reposan en el baúl del tiempo.


Miro,

vivo..

..y también muero.


Muero en eterna agonía
de un pasado siempre preso,
y un presente que porfía.


Muere el sonido y el canto.
Encanto de cuanto sueño,
que sueña su desencanto.


Miro al viento, para ver
y en cuanto veo, me veo.


Mirar para no creer,
en nada de cuanto veo.


Creer para no mirar,
a nada de cuanto creo.

18 de junio de 2010

Opinión

Sepultadas en opiniones están la intuición y el conocimiento, opiniones a cerca de cualquier cosa, a cerca de todo, opinar es un deporte fácil que no requiere esfuerzo ni entrenamiento, es una actividad que se practica con la misma rutinaria indiferencia que se camina por la ciudad.

Opinar es una tendencia, que hace de la opinión un paradigma del ciudadano contemporáneo. Opinión sobre esto, sobre aquello, opinión prestada, vendida o comprada, opinión contraída o sustraída opinión.

Como la humedad otoñal sobre terreno abonado produce hongos, los medios de comunicación sobre los ciudadanos producen opinión.

Foros, encuestas, tertulias plagadas de tertulianos de la nada, espacios desde los que se expone o se recauda opinión.

La opinión va por barrios y depende del barrio así es la opinión, no se puede opinar lo mismo si se es del barrio de salamanca o de Vallecas, no si eres conservador o progresista, no si eres hombre o mujer, si eres local o visitante, europeo o árabe, palestino o israelita, del barça o del Madrid.

La opinión tiene la cualidad de formar más opinión entorno suyo, y este incremento sostenido vehemencia la opinión que termina siendo un fin en sí mismo que no entiende de lealtades ni de conocimientos, igual es la opinión relevante o versada que la interesada, la opinión de siempre que la reciente, la opinión valiente que la intrascendente.

La opinión se nutre de sí misma, se fagocita y retroalimenta sin ningún escrúpulo y pudor, pudiendo opinarse cualquier cosa sostenida exclusivamente sobre la base, de la propia opinión.

Otra de sus cualidades es la simplicidad, o mejor dicho la simplificación, hasta de los asuntos más complejos y relevantes, la opinión sobre algo solo entiende de ella misma de manera muy sucinta, y tiende a posicionar como enemiga cualquier opinión disidente. Opinas como yo o en contra mía.

Es preciso opinar algo, para ser, hay que tener opinión. Toda opinión que se precie de serlo debe ser sencilla, enunciable en cuatro o cinco palabras, en una frase todo lo más. Y una vez formulada su alquimia trasmuta todo en hechos simples e inmutables, que no necesitan volver a ser pensados, analizados ni revisados, porque la esencia de realidad ya cristalizada en forma de opinión, alcanza la inmanencia, trascendiendo incluso al objeto mismo de opinión.

21 de mayo de 2010

Voto

El voto se ejerce en las urnas y se consuma en el centro comercial, porque votamos cada vez que consumimos. Votamos con acto de compra y votamos también cada vez que deseamos hacerlo, el paradigma de “un hombre un voto”, ha devenido en “una compra un voto”.

Ciudadanos y sociedades se mueven y desarrollan en torno al consumo, sin el cuál, cesa el progreso, la sociedad del bienestar, la riqueza y el futuro. Cada acto de consumo es un voto a un modelo, a una forma de vida en la que la verdadera felicidad está en función del volumen de consumo que se pueda alcanzar, la libertad es hoy, la posibilidad de poder consumir más y más caro. Y el poder, que reside en el pueblo, se centra en la capacidad sostenida de este por seguir consumiendo.

“Consumo luego existo”, dada la inexistencia social en la que se sume aquél, que no puede alcanzar el nivel de consumo de sus iguales.

El consumismo es la religión mundial mayoritaria, que reúne por igual a individuos de todo estrato social, de toda ideología y con el mismo fervor en oriente que en occidente.

Consumir es un aspiracional, un anhelo inalcanzable donde lo mejor está siempre por llegar; en forma de última consola, de colección de temporada, de nuevo modelo de coche, de viaje diferente, de joya exclusiva o de zapatillas de marca.

El consumo, además de consumirnos nos une. Al norte con el sur, al indio con el chino, al musulmán con el cristiano y lo hace en la desmesurada ambición en la que se asientan las bases de la economía mundial, y por tanto, de la política de todos los partidos, de todos los pueblos.

Sí, el voto se ha popularizado, se ha expandido más allá del de los procesos electorales, hasta convertirse en un hecho cotidiano y diario reflejado en cada acto consumista, en cada deseo de poseer, en cada decisión o indecisión de compra, porque todas y cada una de ellas cuenta.

Cuenta para las multinacionales que escudriñan nuestras intenciones desde lo alto de sus torres de cristal, cuenta para los poderes que se ocultan detrás de los estados, cuenta para las grandes fortunas que necesitan prodigarse y seguir creciendo, cuenta para la caterva de economistas sin escrúpulos y ahora sabemos que mal formados, que intoxican los mercados y a las gentes con productos de diseño financiero, cuenta para las marcas, para los productos, para la industria mundial que necesita seguir incrementando su producción, al mismo ritmo trepidante que en los últimos veinte años, en los que se ha expoliado más patrimonio natural que en los pasados veinte siglos.

Votamos diariamente, claro que votamos y nuestro voto visto, oído, escrutado, inquirido, averiguado, analizado, indagado, sondeado, oteado y pormenorizado, desarrolla tendencias, produce desigualdades en el reparto de la riqueza, ahonda fronteras, expolia bosques y océanos, destrona gobiernos, engrandece marcas y multinacionales, genera miseria y desheredados, desertiza campos, agota recursos, empequeñece pensamientos, relativiza y merma la ética, fomenta desigualdades, crea monstruos impredecibles y nos mantiene en un despotismo absolutista, del que no nos consideramos esclavos.

Así, cuando el “mercado” dicta sus normas, nunca escritas, todos obedecen; gobiernos, estados, ciudadanos, naciones y pueblos, agachan la cabeza con el miedo atávico adherido al pecho y la mirada siempre puesta en otra parte, buscando un culpable que nos exonere del resultado cierto de nuestro reiterado voto, diario y repetido voto, el voto del consumo.

Consumo: Acción y efecto de consumir, gastar....

Consumir: Destruir, extinguir....

16 de abril de 2010

Oculto

Oculto está desde hace tiempo el poder, el poder otrora ostentado, exhibido, enaltecido. Se retiró a simas profundas a salvo de votos y de electores, que tanto peligro detentan para prodigar el poder, por lo volubles y poco comprensivas que son con lo que verdaderamente importante: el lujo, la influencia, la suntuosidad, el exceso, el abuso de posición...

El poder se ocultó para poder ostentarse así mismo sin estorbos ni sacrificios inoportunos. Aprendió de las grandes revoluciones que el poder ejercido por el vulgo podía hacer perder la cabeza al mayor de los aristócratas y se apropió del discurso ilustrado haciendo gala de gran adaptabilidad.

Por desgracia, parece que aquel poder oculto y omnipresente, tenía algo de razón al anticipar la salvaguarda del poder ante la imbecilidad creciente que atenaza hoy a un pueblo soberano, iletrado y pacato, cuyo más elevado pensamiento, único, es el consumo.

Diez de cada diez encuestados declara sin pudor que si dispusiera de más dinero consumiría más. “Consumiría Más”. Esta declaración suicida, representa el pináculo de un iceberg cuya gran masa se oculta bajo una superficie de sociedad, bienestar y libre economía. El consumo nos domina y el poder oculto, que lo dirige e inspira, es dueño y señor de voluntades individuales y colectivas.

El consumo, que todos sin excepción; ricos o pobres, urbanitas o rurales, europeos o chinos, enaltecemos con nuestros deseos inagotables de tener más para consumir más, es una maquinaria al servicio de un poder que adormece conciencias, deprava actitudes y pone al pairo a la humanidad entera ante los avatares del mercado. Una humanidad que sufre y muere con el decaer de un consumo, que si por el contrario crece, resulta insostenible y letal. Trampa fatal, falacia aceptada por los ciudadanos de todos los mundos posibles, desde el primero hasta el último.

Autocracia y democracia se dan la mano para discurrir juntas por el sendero de la enajenación de un individuo, cuya libertad se limita a su capacidad de elegir aquello que puede comprar..

25 de marzo de 2010

Redes

Voy mirando desiertos, desiertos humanos plagados de actividad, voy mirando escaparates de sonrisas cristalizadas en un desierto.

Surfeo por las vidas de millones de personas que no están, que no son nada, fragmentos humanos, jirones de personalidades orgullosas de sí mismas, ansiosas del encuentro.

En el mercadillo de perfiles te encuentro, demacrada como un muerto entre lapidarias frases, anexiones fáciles y millones de pasados mantenidos en el congelador de las metaredes. Paradigmático espacio vanguardista repleto de pasado.

Me ajuntas, te ajunto en traje postmodernista. Bacanal del cotilleo; miro y dejo que me miren, paraíso del voyeur, sueños de portera.

Grupos de fans de la chorrada, tiempo vertido en la angustia de estar, vida de la pseudo-existencia: miro, miran, digo, dicen, ruido, cacofonía, buzz, pero de realidad nada.

19 de febrero de 2010

En venta

Cientos de escaparates nos miran desde la oscuridad, expuestos como estamos a la luz de las farolas del consumo...

Consumo, consume, consumid, consumamos, consuman, consumiendo..., consumo diario, consumo ocio y consumo negocio, consumo obsesión, consumo liberador, consumo autoestima, yo consumo, consumo imagen, consumo lo que vendo, consumo lo que consumo, consumo música, consumo comida, consumo ideologías, consumo recursos naturales, consumo emociones, consumo arte, consumo el espacio y también el tiempo, consumo delirio, adicción al consumo, consumo hoy, consumo mañana, consumo siempre, consumo gente, consumo droga, consumo imágenes, consumo saber, consumo información, consumo conocimiento, consumo de todo, todo lo consumo.

Consumo tecnología, consumo viajes, consumo aficiones, consumo aflicciones, consumo sexo, consumo servicios, con-sumo gusto, consumo oportunidades, consumo suerte, consumo energía; electricidad, gas, consumo petróleo, consumo democracia, consumo votos, consumo medios de transporte y de comunicación, consumo religión, la religión me consume, consumo lujo, consumo lo que quiero, consumo riqueza, consumo sobre la pobreza, consumo cadáveres, consumo terrorismo, consumo inflación y deflación, consumo capitalismo, el capitalismo también nos consume, consumo felicidad, consumo odio y sufrimiento, consumo lo que niego a otros, consumo tierra, consumo animales, consumo vida, consumo casas, ciudades y continentes, consumo objetos de consumo, consumo dogma, consumo pensamiento, consumo liberal, consumo estupidez, consumo idolatría, consumo la verdad, la verdad es que consumo.

Consumo esto y también aquello, consumo una mirada, consumo humor y pesadumbre, consumo sofisticado, consumo diferenciador, consumo virtual, consumo lo mismo, consumo homogéneo, consumo lo mío, lo tuyo o lo de todos, consumo nacionalismo, consumo banderas, consumo iconos, consumo más de lo que necesito y todo cuanto he consumido hasta ahora me impulsa a seguir haciéndolo.

15 de febrero de 2010

Atasco

Avanzo por un mar calmo, mar de mi imaginación, mar contemporáneo, mar fractal y sentido, mar repleto de lucernarias envueltas en metálicos reflejos.

Cadencia de tiempo mecido en invariable procesión. Mar aburrido. Sonoro mar cuyo lento oleaje va batiendo mi nave solitaria, equidistante de las miles de naves que obstinadas, acompañan mi periplo.

Atardece un mar gris obsesionante, liso, ceniciento, mientras el horizonte se enciende en luz reflejada. Magia de luz pintando sobre gris purpúreas, irisadas, brillantes pinceladas. Paleta de pintor inverosímil.

Mi singladura continúa lenta, inexorable. El leve oleaje, atenuado por el silencioso atardecer, asemeja el halito de un ser descomunal. Resplandores de mecánica irrealidad confunden la escena; tensión y calma, resignación y prisa...

Surco un mar de mareas imposibles, tanto como la solidez de sus aguas. Mar de mi memoria, mar de artificial factura.

El onírico viaje sufre una súbita sacudida al descender accidentalmente la ventanilla, ruido seco y polución infiltrándose en los sentidos y en el aire de este laberíntico Madrid.

Sueños de monotonía acompasan mi deambular en este proverbial embotellamiento.

22 de enero de 2010

Sofisticado

Abrumado por el desarrollo de los acontecimientos, el ser humano contempla inerte el bagaje emprendido por la humanidad hacia su propia destrucción. Un camino plagado de avisos y contenciones de un planeta benévolo y paciente, que ha sido transformado compulsivamente por una acción humana, que algunos aún insisten en negar.

Esta metamorfosis planetaria comenzó hace mucho tiempo, con la aparición del hombre sobre la Tierra. Una mutación paulatina, constante y sistemática, que emprendió el camino desde un estadio natural hacia una artificialidad que impregna casi todo lo que nos rodea.

Un paso decisivo lo dio Roma con el advenimiento de la ciudad en su sentido moderno, la “civitas”, que no dejaba de ser un intento amplio y decidido de establecer límites diáfanos a la naturaleza.

Esta “ciudad romana”, se constituyó en un espacio de exclusión de lo natural, creado al margen de las vicisitudes extremas a las que el hombre estaba sometido, cuando vivía de lleno en la naturaleza. Fuerzas incontrolables dominaban a un hombre que sentía el poder mágico de lo natural como un yugo insoslayable, inexplicable y al que decidió poner coto, construyendo un entorno a su medida, que no a la medida de los dioses.

Este entorno pronto demandó nuevas necesidades, que hasta entonces no se habían planteado, porque la naturaleza las proveía de modo sostenible aunque no modulable por la mano del hombre: nuevos objetos, soluciones, comodidades, vías de contacto, de comunicación, construcciones, infraestructuras y un sinfín de objetos y materiales hicieron su aparición.

Además, la manera de relacionarse de los hombres entre ellos y con el nuevo medio también cambió, por primera vez el contacto humano era tan estrecho y la colaboración buscaba fines en común tan ambiciosos y extensos. Así nació el derecho y las normas sociales, que nuevamente de manera artificial, generaron una estructura idiosincrática que permitía la reunión y convivencia de grandes grupos humanos, mucho más allá de la pequeña tribu unida por la simple supervivencia.

Todo este proceso fue dando lugar a una sofisticación cada vez más acusada, el inicial saber aplicado: la agrimensura, la geometría, las matemáticas, la ingeniería civil, dieron paso a una ciencia pujante y a una tecnología que se valía de esta ciencia para cobrar vida propia, sufriendo ambas en unos pocos siglos una vertiginosa sofisticación.

Toda esta sofisticación de procesos, objetos, pensamientos, estilos de vida, se ha ido incrementando con ritmo exponencial, sin fin, o mejor dicho con un fin sospechosamente autodestructivo, ya que se trata de una espiral infinita cuyo centrípeto movimiento acelerado constantemente con el paso de los tiempos, genera una acción transformadora que parece no querer cesar mientras siga existiendo una sola brizna natural que reemplazar, aprovechar, estrujar o diseccionar.

Todo refinamiento puede serlo hasta el paroxismo, toda opulencia tiene siempre un más allá, toda prosperidad material anhela su incremento, todo bienestar es siempre mejorable, cualquier posesión por magnífica y lujosa que sea es susceptible de ser sustituida por otra de mejor factura y exquisitez.

Refinamiento, lujo, suntuosidad, esplendor, artificialidad, sofisticación...

Sofisticación: acción o efecto de sofisticar.

Sofisticar: adulterar o falsificar con sofismas un razonamiento, quitar naturalidad a algo con exceso de artificio o pulimento o educación

Sofisticado: falto de naturalidad, afectadamente refinado.

5 de enero de 2010

Tribus de Uno

Tribus de Uno surgen, el individualismo exacerbado y la modificación de la costumbre las trajeron hasta el corazón de la urbe.

Fueron disminuyendo los grupos que compartían y hacían cosas en común. Y los que quedaron perdieron interés, limitándose a seguir a un líder, a un marcador de opinión.

Tribus de uno, moderna tipología de target basada en el individuo, en la hiperindividualidad.

Tribu de Uno es un nuevo perfil social en el que nadie es lo que parece, ni hace lo previsible. Sólo hace falta mirar alrededor: financieros y presidentes de bancos causantes de una crisis mundial, políticos que hacen gala de su descarada intencionalidad y son parte alícuota del problema y no de su solución, famosos en chorradas, genios desapercibidos, héroes invisibles en figuras de andar por casa, tránsfugas morales, seres de apariencia...

Tribus de Uno define al ser único que somos, pero también al ser gregario. Somos Uno y somos Tribu. Queremos que nos traten como individuo sin dejar de comportarnos como la mayoría. Un nuevo formato de tribu sofisticada; es decir compleja y avanzada, pero afectada y carente de naturalidad. Una tribu cobijada en una gruta tecnología que permite liberarse de la cultura de masas en la que estaba atrapada desde principios del siglo XX, para caer prisionera de una nueva masa de "cultura", teñida del espejismo de la individualidad

Individualismo, personalismo gregario sostenido en la necesidad de expresión y manifestación pública, universo de la customización, de lo exclusivo que precisa ser visto por los demás miembros de las Tribus de Uno.

Cada individuo es hoy una entidad autónoma indefinible, inclasificable por parámetros convencionales, porque los perfiles de grupo definen grupos no personas, y sin embargo cada individuo está incluido en algún de ellos.

El sentimiento de ser único choca directamente con el seguidismo que subyace en la paradoja, de no poder ser único, sino se alcanza el hueco de expresión dentro del grupo.

E pluribus unum - Ex uno plures

24 de diciembre de 2009

Incierto

¿A dónde va el pensamiento cuando cesa?, ¿a dónde el sentimiento al desaparecer?, ¿a dónde emigran la inteligencia, las sensaciones, los anhelos, las ansias, las desdichas y los gozos, cuando se extinguen?, ¿a dónde la amistad cuando se aleja?.

¿Regresará la inteligencia a la inteligencia?. Se sumará, tal vez, el conocimiento al universal conocimiento. ¿Será así como se nutre este?.

Saber quisiera dónde reposa la palabra después de pronunciada, dónde hallarán descanso los deseos, a qué lugar remoto recalarán los sueños, dónde nos encontramos cuando nos perdemos.

Mente partícula y particular mente cargada de particularismos, plena de ocupación, sumida en el movimiento. ¿Qué es la mente universal?

Y la pregunta fundamental; ¿Dónde va la vida cuando se va la vida? ¿Y el alma, y el espíritu?. Y tú, ¿a dónde irás tú?

Regresaremos...

Al lugar del que vinimos,

al comienzo que es el fin,

al fin que es el comienzo,

al lugar que nunca dejamos,

al ser que siempre fuimos.

La vida conspira contra el fundamental caos, y lo traspasa y lo ilumina...

3 de diciembre de 2009

Religión

El hecho religioso surge como respuesta a la necesidad de difusión de una escuela de pensamiento, instalándose como aparato de divulgación de ideas, certezas y visiones proféticas, más o menos filosóficas o místicas de la realidad. Pero esta acción de divulgar, va generando un efecto vulgarizador de los hechos, de los fundamentos relevantes que son objeto de difusión. Las iglesias y los aparatos de la fe, se transforman en departamentos de marketing ecuménicos que diseñan y definen estrategias, difunden y proclaman máximas, lanzan advertencias y amenazas, acuñan símbolos siendo creadores de la iconografía visual corporativa, diseñan marcas en definitiva, con sus planes de fidelización y sus programas de castigo y recompensa. Pero el aparato religioso establecido es ante todo un negocio de poder, un negocio de cifras multimillonarias inspirador de enfrentamientos, instigador de guerras, fuente de diferencias, emblema de separación entre iguales.

El hecho religioso, otrora surgido en un entorno de humildad y casi siempre en precario, se arropa con el tiempo de una poderosa maquinaria de poder barnizada de divinidad, en la que militan los grandes magnates de la fe, los insidiosos doctores de la iglesia, especuladores de conciencias, tendenciosos maestros del dogma, egocéntricos iluminados, toda una caterva de individuos asidos al poder de lo oculto. Oscurantismo exento de toda sabiduría, desprovisto de todo discernimiento, carente de la más sutil de las conciencias, viaje secular hacia la perversión de los principios, alejados hasta el paroxismo de la fuente que lo inspira, origen del vigente y milenario despropósito eclesiástico, igual en el oriente que en el occidente.

26 de noviembre de 2009

Calidad

Bien, calidad, belleza, perfección, divinidad, esplendor, magnificencia, prodigio, maravilla, virtuosismo, excelencia. Vocablos cotidianos, de los que sin embargo, parece haberse escapado su significado para una gran mayoría de ciudadanos que no son, no somos, capaces de diferenciar la excelencia en casi nada, y aquél que más enterado y perfeccionista parece, menos idea suele tener.

La calidad atraviesa horas muy bajas en nuestro amado mundo occidental; el MP3 hace tiempo que suplantó a la alta fidelidad, vídeos caseros compiten con las producciones cinematográficas y publicitarias del momento, el pixel le ha ganado la batalla a la nitidez, la atención y el servicio al cliente están de saldo y el autoservicio hasta en las gasolineras, se ha convertido en norma.

Hace dos años, el concertista Josua Bell, prestigioso violinista norteamericano, bajó al metro de Washington vestido con vaqueros y gorra de béisbol, llevando consigo un violín stradivarius de 1713, con el que comenzó a interpretar música de Bach. Él, que hacía unos días había llenado una sala de conciertos de a 100 euros la entrada, obtenía en este nuevo escenario una lamentable repercusión entre una audiencia anodina, que ni reparó él ni en su música. Posiblemente mientras esto sucedía, miles de conciudadanos nutrían su intelecto con la telebasura que se despacha sin restricciones en cualquier canal de televisión del orbe.

Es posible que estemos en un proceso de declive tan acusado como sociedad, que no somos conscientes de la cantidad tan apabullante de asuntos que han sufrido una merma notable de calidad, asuntos tales como la educación, la política, el aire que respiramos, los alimentos que comemos, el agua, las relaciones humanas, el trabajo, la estabilidad emocional y psicológica del individuo, el amor, la amistad, el tiempo y el espacio, la honestidad, la democracia, lo público, lo privado, el estado del bienestar, los principios éticos, los estéticos, la bondad, lo común, el silencio. Por no hablar del clima, el estado de los océanos, la superficie virgen del planeta, la economía de las familias, la palabra tanto escrita como hablada, el respeto por el otro, aunque tal vez esto último siga así desde antiguo.

Hemos devaluado la calidad por un creciente culto a la mediocridad en simbiosis con un conformismo materialista, o mejor dicho, dormidera del bienestar. La calidad se nos escapa de las manos, la calidad de pensamiento, la calidad de vida, la calidad de lo humano, la calidad humana.

La opinión pública, con más formación e información que nunca, es también la más influenciable, anodina y vulgar de la historia. Esta “opinión” transformada fácilmente en creencia, veredicto o sentencia, determina a menudo la magnitud y la importancia de los acontecimientos, de las ideas y de las gentes. Si unas semanas antes del concierto de Josua Bell, se hubiese anunciado que iba a tocar en el metro gratuitamente, armado con un stradivarius, el colapso de gente hubiese sido monumental. Gente que seguramente ni sabían quién es Josua Bell, ni diferencian al virtuoso violinista de un músico corriente tocando mal una viola barata, habría aplaudido tan “casual evento” hasta hacerse estigmas, y luego lo habría contado, publicado, transferido en directo y hasta inventado. La ocasión desde luego, hubiese bien merecido ser inmortalizada con cuantas fotos y vídeos nebulosos pudieran almacenarse en la exigua memoria de los teléfonos móviles de los presentes, cuyos propietarios, con esa expresión del tonto que mira al dedo..., habrían hecho gala de su habitual gracejo de reporteros urbanos, ante un acontecimiento tan “cool”, como era este.

Y es que cuando el dedo apunta a la luna, ya sabéis lo que el tonto mira...

30 de octubre de 2009

Relatividad

Miramos al cielo nocturno con la mirada escrutiñadora de Galileo o de Copérnico y en el mejor de los casos, y siempre que estemos alejados de los grandes centros de población, vemos miles de luces pugnando por romper un monótono y mono tono lienzo oscuro como el carbón. Es la luz abriéndose tímidamente paso, entre las infinitas tinieblas que todo lo pueblan.

Contemplamos este espectáculo magnífico en el desierto, por ejemplo, dónde una bóveda de estrellas nos aplasta contra una tierra llana como un plato. Miramos hoy hacia cualquier punto lejano del espacio y lo que vemos es ayer, como en una máquina del tiempo. Todo el planeta Tierra gravitando en un entorno de irrealidad ya desaparecido, extraña convivencia de presente y pasado en un solo acto, ayer y hoy en un mismo instante.

Miramos, para ver un universo incomprensible al que nuestra vista humana no alcanza. Miramos, y la luz que vemos es una luz inexistente ya, un reflejo de pasadas epopeyas que insiste en permanecer, que vuelve desde las fronteras de la muerte. Miramos y vemos la oscuridad total, “el vacío”, un vacío sin embargo repleto de materia desconcertante e incierta.

Materia invisible, acontecimientos del pasado que parecen suceder hoy, áurea proporción uniéndolo todo, vida en forma de sutil vibración.

En este universo de incomparables enigmas, donde todo fluye y cambia, todo se expande y se contrae, donde todo avanza y retrocede, donde hasta el pasado convive con el presente. ¿De qué sirve alentar nuestros deseos, qué hacemos con nuestras verdades, qué con nuestras certezas?