Avanzo por un mar calmo, mar de mi imaginación, mar contemporáneo, mar fractal y sentido, mar repleto de lucernarias envueltas en metálicos reflejos.
Cadencia de tiempo mecido en invariable procesión. Mar aburrido. Sonoro mar cuyo lento oleaje va batiendo mi nave solitaria, equidistante de las miles de naves que obstinadas, acompañan mi periplo.
Atardece un mar gris obsesionante, liso, ceniciento, mientras el horizonte se enciende en luz reflejada. Magia de luz pintando sobre gris purpúreas, irisadas, brillantes pinceladas. Paleta de pintor inverosímil.
Mi singladura continúa lenta, inexorable. El leve oleaje, atenuado por el silencioso atardecer, asemeja el halito de un ser descomunal. Resplandores de mecánica irrealidad confunden la escena; tensión y calma, resignación y prisa...
Surco un mar de mareas imposibles, tanto como la solidez de sus aguas. Mar de mi memoria, mar de artificial factura.