Páginas

Buscar este blog

1 de febrero de 2011

Silencio

Huyo dejando atrás el ruido compulsivo de la civilizada urbe, para alzarme hasta las cumbres, el reino del silencio.


Silencio, como presencia patente que llena el aire, silencio tangible y persistente. Avanzo con paso lento por el sendero que asciende directo a las cumbres, es un camino certero, rectilíneo, que asciende sin rodeos. Es un camino duro y costoso pero honesto, desentendido de atajos, camino sincero que no oculta en ningún momento sus intenciones ni su objetivo, la cumbre.


La umbría, el frío bosque, el arroyo rebosante, van quedando atrás y la exuberante vegetación cede ante la altura. Piornales veteados de enebros, roquedos, grandes canchales que hablan del pasado glaciar de estas cumbres.

El silencio es palpable, los lentos pasos suenan contenidos como en una cámara de vacío, no se oye ni el canto de un pájaro, ni el más leve rumor del viento. El frío es intenso.


Asciendo, me elevo ganando perspectiva. A medida que el valle se abre al sol, el frío se matiza y el esfuerzo de la ascensión parece algo menos severo. La hermosura del paisaje, el espléndido día, la dilatada visión que sólo interrumpe la bruma matinal desdibujando el horizonte, no son comparables al omnipresente silencio, casi físico que todo lo envuelve.


Sólo recuerdo este silencio en las cumbres, ni tan siquiera en el desierto, un silencio que se asemeja al agua mientras buceo. Es una presencia silente que enfrenta a uno mismo con la turba de pensamientos que, estrepitosa y desarmada, hace ruborizar al ego. Recuerdo este espacio enmudecido desde muy joven, la sensación envolvente de mudez, esta elipsis sonora que es la montaña.


La ladera, convertida en escarpado declive busca la verticalidad, y cada paso hay que ganárselo al camino con decisión, con esfuerzo.


Una brisa helada me anticipa la cercanía de las cumbres. Un gran cambio de escenario acompaña los últimos metros hasta la cima; el valle cede al fin y el collado se abre, sobre una alfombra de nieve y brillante hielo, a nuevos valles sombríos y a las brillantes cumbres nevadas. Un espectáculo de brío contenido, un regalo de tranquilidad eólica inusitada.


La leve brisa no alcanza a romper el silencio; perenne, sobresaliente. Avanzo prudente entre placas de hielo, el frío y el viento esmerilan la nieve.


Miro y me veo en este paisaje desértico, agreste, duro, esencial y bello. Un cálido frío me envuelve junto al rumor silente de este audible silencio.


Un día en las cumbres para ganar en perspectiva, la visión desde arriba dimensiona las cosas, cuán pequeños somos frente a la sencillez elemental de la naturaleza, qué ruidosos frente al infinito silencio.

28 de diciembre de 2010

XXI

Habitamos un siglo que reúne todas las etapas históricas de la humanidad en un mismo tiempo, todas las edades del hombre. Cinco continentes en los que se disgrega la historia humana; prehistoria, medioevo, ilustración, edad moderna..., sociedades extendidas por la superficie del planeta compartiendo espacio sin convivencia. Tiempos coetáneos que distan siglos, espacios colindantes separados por abismos insalvables.


Aldea global, tribu local. Realidades obstinadas en la desemejanza de la divergencia.


Progreso frente a detención, idealismo frente a materialismo, religión frente a cientifismo, ayer frente a hoy, mañana frente a ayer, evolución frente a regresión, dinero frente a altruismo, poder frente a explotación, capital frente a pobreza, economía frente a despilfarro, saber frente a ignorancia, opulencia frente a miseria...


El ser humano sigue muriendo, hoy como ayer, de inanición, escasez, depauperación, falta, penuria, totalitarismo, interés, avaricia, codicia, ausencia, hedonismo, concupiscencia, locura, humillación...


Y muere en todas las épocas, que son una y la misma, aquejado de los mismos males, las mismas plagas, las mismas pandemias que asolaban y asolan el planeta desde antiguo.


Miseria económica en África, Centroamérica o Afganistán, miseria de valores en Rusia, China o Paquistán, miseria de voluntad en todo el bloque occidental, miseria religiosa en el Islam, el catolicismo o el judaísmo, miseria moral en el mundo entero.


Lujo y armas conviven en el mismo suelo donde familias enteras mueren de hambre ante la inacción de estados, gobiernos y dirigentes enriquecidos por la especulación de los bienes comunes. Castas dirigentes que resurgen de las crisis provocadas por ellos mismos, con el dinero y la desolación de todos, ciudadanos que abdican de sus derechos, alienados haciendose cargo de sucesos de los que distan mucho de ser protagonistas.


Todas las edades del hombre están juntas en este siglo, junto a una nueva especie de homínido; ilustrado, acomodado y universitario por lo general, aunque coexisten en él el mono del que procede, el bruto que fue, el ser angustiado por la supervivencia, el procaz, el guerrero, el asesino, el humanista, el ser gregario y recientemente el esclavo del consumo.


Un largo periplo para el ser humano reunido primero en torno a la tribu, al la religión y al nacionalismo después, a las clases sociales luego y ahora en torno al consumo.

10 de diciembre de 2010

Serpiente

Apartada de la luz, entre los salientes rocosos, oculta a las miradas de depredadores y curiosos, se esconde tímida y esquiva. Su habitual elegancia, compostura y soberbia están ensombrecidas por un hálito de vergüenza indefinible.

Recluida, huidiza, apartada, en retirada se encuentra la reina sigilosa del rastreo. A su mente, algo adormecida, brota lo que fue, las hazañas de caza, sus magníficas expectativas, sus grandilocuentes sueños, sus inabarcables anhelos, la agilidad de su rectilíneo cuerpo azote de roedores y pequeños mamíferos.

Su frialdad interior aletarga su corazón y su espíritu, ha reemplazado su permanente deseo de sol por esta oscura sombra de la oquedad pétrea, porque un pudor atenazante la sujeta con mano férrea a la concupiscencia de las rocas.

Todo empezó con un estertor incontrolable y doloroso, una suerte de fricción interior incomprensible y audaz. Una sacudida extraña que le hizo perder la pieza. No le hubiese dado más importancia sino fuera porque poco después vino otra y luego otra sacudida, hasta que la caza, su vida, se convirtió en una compleja agonía que se rebelaba contra las normas que la habían regido hasta ahora.

Lo intentó denodadamente una y otra vez, aunque un oscuro presentimiento ya se había instalado en su triangular cabeza, premonición de un tiempo nuevo, incomprensible, un tiempo desordenado y caótico que no respondía a lo aprendido.

Se refugió abatida primero, extenuada luego, en la rocalla alta de la montaña en la que habitaba, si tenía que morir allí, al menos vería el hermoso valle, cada amanecer y atardecer serían suyos hasta el último día. Su espera pronto se torno en lucha, combate, conflicto interno. Y buscó en su interior todo aquello que parecía negarle el bosque y la vida, miró en lo profundo de su alma, se deslizó por los rincones incógnitos de su corazón y vio fluir la vida, manar la torrencial mente.

Se hundió en sí misma alejándose de todo. Apartada de lo conocido lo cotidiano empezó a parecerle extraño, destiló su esencia más pura mientras le rondaba la muerte, una presencia silente cobró cada vez más fuerza y realidad en ella.

Una tristeza atávica, ancestral, se fundía en su interior con el pulso ardiente de la aventura, del deseo imperioso por lo nuevo, avidez de renovación, aspiración a lo desconocido, pasión por descubrir.

Un vértigo recorría su larga e interminable columna, el hambre hacía estragos en lo físico pero le colmaba de lucidez. Hacía que el más leve movimiento la quemara por dentro, un escozor punzante la mantenía quieta y adormecida, esperando el fin, tanteando la muerte.

Aquella mañana surgió decidida apartando las sombras de la noche y la luz se instaló majestuosa y osada impregnando cada objeto, cada rincón del bosque y de la montaña. Esa misma luz cálida y púrpura iluminó una forma idéntica a ella, pero carente de vida. Es esto la muerte -pensó- y en la debilidad externa en la que se hallaba vislumbró un hálito de interior bienestar, una suerte de extraña complacencia y oxigenada renovación interior y física.

Tanto fue así que la serpiente, después de largas jornadas de agonía, decidió salir de la gruta en la que estaba, dejando atrás todo el sufrimiento esculpido con la forma exacta de su cuerpo.Había cambiado por primera vez en su vida la camisa, la corácea piel exterior que ya no la dejaba crecer, y radiante, aunque algo más humilde y prudente salió al exterior estrenando una nueva.

1 de noviembre de 2010

Incertidumbre

Marcharemos de vacío,
iremos como vinimos,
llevando sólo lo que trajimos.
Lo demás aquí lo dejaremos;
pasiones, sueños, presunciones,
lo que fuimos y lo que ya no seremos.
La incertidumbre es la certeza de no saber. La certeza la seguridad del que no sabe.
En algún lugar lejano y algo recóndito, se esconde el futuro; incierto, esquivo, tan oculto como inexorable. Todo intento de taladrar el velo es vano, todo anhelo de certeza ignorancia.

25 de septiembre de 2010

Nauta

¿Por qué este anhelo permanente de mar?, tal vez la distancia que nos separa es la razón que nos une.

Navego ora cimbreante, ora sereno. Navego en mares encrespados, tranquilos, mares silentes o atropellados. Es el acto de la navegación lo importante, lo esencial, accesorio lo demás.

Hacerse a la mar, a diario, sin que opere desplazamiento, sin moverse del lugar, sin aparente mutabilidad. Mar agitado ausente de movimiento, evolución callada que opera en el seno del inmenso mar que somos dentro.

Todo acontecimiento sucede en nuestro interior, interior fluido e infinito, agitado por la brizna de un pensamiento, sujeto a las mareas sentimentales, influido por el más leve destello.

Navegar, lo importante es la navegación, no lo navegado, porque la navegación hace al navegante lo que es y el objeto de su navegación es sólo la escusa que impulsa la singladura.

Movimiento en el mar del pensamiento; oleaje, corriente, tempestad. Pensamiento en el mar del movimiento; constante, reiterado, manipulador. Movimiento en un mar finito; navegable, solitario, contumaz.

La bitácora es el momento, la brújula la intuición, el rumbo lo marca la creencia, la convicción. El entusiasmo y la esperanza indican la meta; ostensiblemente alcanzable, incomprensiblemente lejana.

Surcando mares interiores voy, traspasando barreras de obstinada realidad. La esencia me toca por la amura de babor mientras la locura brama por sotavento, ejercicio de equilibrio desequilibrado en cada bordada, consecuencia de surcar un espacio fluido como el tiempo, inmaterial como el pensamiento, inasible como el mar.

Decidí mi viaje, hace ya mucho tiempo, lo emprendí igual que sigue sin destino. Navegar, lo importante es navegar, porque navegar es saber, experimentar y el destino, siempre es Ítaca.

6 de septiembre de 2010

Ajeno

La desgracia en soledad sólo es superable por la desgracia compartida con un ajeno, con el desconocido que se cruza en nuestra vida en ese instante vital, doloroso y dolorido, en el que nos asola la desgracia y con el que nunca antes, ni después, volveremos a tener la más leve coincidencia.
Es un espectador ocasional, que se asoma a un largometraje pero del que sólo ve un instante. Sin génesis ni epitafio, sin nudo ni desenlace, sin conexión en suma con nada de lo sucedido ni lo por suceder. Es alguien que se encuentra frente a un marrón vital incapaz de referenciar y al que no le une nada más, que la fortuna insidiosa que lo llevó al lugar inoportuno. Un ajeno.


La desgracia vista así, desde el espectador ocasional que todos llevamos a flor de piel, es una escena sórdida, histriónica a veces, sobreactuada otras, malinterpretada siempre. Sin embargo para el protagonista la situación que le supera, le hiere, le hiende, se quiebra aún más ante la apoplejía temporal de este accidental compañero.


Es una suerte de confluencia de accidentes; la desgracia sobrevenida y sobrepuesta a ella, la presencia del desgraciado que la contempla inopinado. Estupor de quien sufre el doble drama.

Toda palabra, toda queja, cualesquiera explicación, se estrella contra el refractario muro del que se entiende ajeno al suceso, al fortuito acontecer del que no quiere formar parte alguna. Sin vislumbrar que ese encuentro casual le hace partícipe fundamental de una contingencia, que le une con quien la padece en lo más profundo del sufrimiento humano, por tanto común, cercano por tanto, y universal y cotidiano.

El sufrimiento humano, que nos alcanza aun sin quererlo, que nos golpea aunque venga de lejos, deferido como miembros de la misma humanidad y de su suerte compartida. Un sufrimiento del que nadie puede escapar, ni siquiera ese espectador inesperado que se cuela en la desgracia de otros, sin querer entender que hasta el acontecimiento más alejado y remoto, si es humano, es también suyo, es de todos.

21 de julio de 2010

Poema

Mirando al viento, intuyo
brisa, espacio cercano
y ausencia de lo remoto.


Mirando al viento anhelo

briznas de pasado,

en el presente burladero.


Cambio de mirada sabiendo

que nada veo, las respuestas

reposan en el baúl del tiempo.


Miro,

vivo..

..y también muero.


Muero en eterna agonía
de un pasado siempre preso,
y un presente que porfía.


Muere el sonido y el canto.
Encanto de cuanto sueño,
que sueña su desencanto.


Miro al viento, para ver
y en cuanto veo, me veo.


Mirar para no creer,
en nada de cuanto veo.


Creer para no mirar,
a nada de cuanto creo.

18 de junio de 2010

Opinión

Sepultadas en opiniones están la intuición y el conocimiento, opiniones a cerca de cualquier cosa, a cerca de todo, opinar es un deporte fácil que no requiere esfuerzo ni entrenamiento, es una actividad que se practica con la misma rutinaria indiferencia que se camina por la ciudad.

Opinar es una tendencia, que hace de la opinión un paradigma del ciudadano contemporáneo. Opinión sobre esto, sobre aquello, opinión prestada, vendida o comprada, opinión contraída o sustraída opinión.

Como la humedad otoñal sobre terreno abonado produce hongos, los medios de comunicación sobre los ciudadanos producen opinión.

Foros, encuestas, tertulias plagadas de tertulianos de la nada, espacios desde los que se expone o se recauda opinión.

La opinión va por barrios y depende del barrio así es la opinión, no se puede opinar lo mismo si se es del barrio de salamanca o de Vallecas, no si eres conservador o progresista, no si eres hombre o mujer, si eres local o visitante, europeo o árabe, palestino o israelita, del barça o del Madrid.

La opinión tiene la cualidad de formar más opinión entorno suyo, y este incremento sostenido vehemencia la opinión que termina siendo un fin en sí mismo que no entiende de lealtades ni de conocimientos, igual es la opinión relevante o versada que la interesada, la opinión de siempre que la reciente, la opinión valiente que la intrascendente.

La opinión se nutre de sí misma, se fagocita y retroalimenta sin ningún escrúpulo y pudor, pudiendo opinarse cualquier cosa sostenida exclusivamente sobre la base, de la propia opinión.

Otra de sus cualidades es la simplicidad, o mejor dicho la simplificación, hasta de los asuntos más complejos y relevantes, la opinión sobre algo solo entiende de ella misma de manera muy sucinta, y tiende a posicionar como enemiga cualquier opinión disidente. Opinas como yo o en contra mía.

Es preciso opinar algo, para ser, hay que tener opinión. Toda opinión que se precie de serlo debe ser sencilla, enunciable en cuatro o cinco palabras, en una frase todo lo más. Y una vez formulada su alquimia trasmuta todo en hechos simples e inmutables, que no necesitan volver a ser pensados, analizados ni revisados, porque la esencia de realidad ya cristalizada en forma de opinión, alcanza la inmanencia, trascendiendo incluso al objeto mismo de opinión.

21 de mayo de 2010

Voto

El voto se ejerce en las urnas y se consuma en el centro comercial, porque votamos cada vez que consumimos. Votamos con acto de compra y votamos también cada vez que deseamos hacerlo, el paradigma de “un hombre un voto”, ha devenido en “una compra un voto”.

Ciudadanos y sociedades se mueven y desarrollan en torno al consumo, sin el cuál, cesa el progreso, la sociedad del bienestar, la riqueza y el futuro. Cada acto de consumo es un voto a un modelo, a una forma de vida en la que la verdadera felicidad está en función del volumen de consumo que se pueda alcanzar, la libertad es hoy, la posibilidad de poder consumir más y más caro. Y el poder, que reside en el pueblo, se centra en la capacidad sostenida de este por seguir consumiendo.

“Consumo luego existo”, dada la inexistencia social en la que se sume aquél, que no puede alcanzar el nivel de consumo de sus iguales.

El consumismo es la religión mundial mayoritaria, que reúne por igual a individuos de todo estrato social, de toda ideología y con el mismo fervor en oriente que en occidente.

Consumir es un aspiracional, un anhelo inalcanzable donde lo mejor está siempre por llegar; en forma de última consola, de colección de temporada, de nuevo modelo de coche, de viaje diferente, de joya exclusiva o de zapatillas de marca.

El consumo, además de consumirnos nos une. Al norte con el sur, al indio con el chino, al musulmán con el cristiano y lo hace en la desmesurada ambición en la que se asientan las bases de la economía mundial, y por tanto, de la política de todos los partidos, de todos los pueblos.

Sí, el voto se ha popularizado, se ha expandido más allá del de los procesos electorales, hasta convertirse en un hecho cotidiano y diario reflejado en cada acto consumista, en cada deseo de poseer, en cada decisión o indecisión de compra, porque todas y cada una de ellas cuenta.

Cuenta para las multinacionales que escudriñan nuestras intenciones desde lo alto de sus torres de cristal, cuenta para los poderes que se ocultan detrás de los estados, cuenta para las grandes fortunas que necesitan prodigarse y seguir creciendo, cuenta para la caterva de economistas sin escrúpulos y ahora sabemos que mal formados, que intoxican los mercados y a las gentes con productos de diseño financiero, cuenta para las marcas, para los productos, para la industria mundial que necesita seguir incrementando su producción, al mismo ritmo trepidante que en los últimos veinte años, en los que se ha expoliado más patrimonio natural que en los pasados veinte siglos.

Votamos diariamente, claro que votamos y nuestro voto visto, oído, escrutado, inquirido, averiguado, analizado, indagado, sondeado, oteado y pormenorizado, desarrolla tendencias, produce desigualdades en el reparto de la riqueza, ahonda fronteras, expolia bosques y océanos, destrona gobiernos, engrandece marcas y multinacionales, genera miseria y desheredados, desertiza campos, agota recursos, empequeñece pensamientos, relativiza y merma la ética, fomenta desigualdades, crea monstruos impredecibles y nos mantiene en un despotismo absolutista, del que no nos consideramos esclavos.

Así, cuando el “mercado” dicta sus normas, nunca escritas, todos obedecen; gobiernos, estados, ciudadanos, naciones y pueblos, agachan la cabeza con el miedo atávico adherido al pecho y la mirada siempre puesta en otra parte, buscando un culpable que nos exonere del resultado cierto de nuestro reiterado voto, diario y repetido voto, el voto del consumo.

Consumo: Acción y efecto de consumir, gastar....

Consumir: Destruir, extinguir....

16 de abril de 2010

Oculto

Oculto está desde hace tiempo el poder, el poder otrora ostentado, exhibido, enaltecido. Se retiró a simas profundas a salvo de votos y de electores, que tanto peligro detentan para prodigar el poder, por lo volubles y poco comprensivas que son con lo que verdaderamente importante: el lujo, la influencia, la suntuosidad, el exceso, el abuso de posición...

El poder se ocultó para poder ostentarse así mismo sin estorbos ni sacrificios inoportunos. Aprendió de las grandes revoluciones que el poder ejercido por el vulgo podía hacer perder la cabeza al mayor de los aristócratas y se apropió del discurso ilustrado haciendo gala de gran adaptabilidad.

Por desgracia, parece que aquel poder oculto y omnipresente, tenía algo de razón al anticipar la salvaguarda del poder ante la imbecilidad creciente que atenaza hoy a un pueblo soberano, iletrado y pacato, cuyo más elevado pensamiento, único, es el consumo.

Diez de cada diez encuestados declara sin pudor que si dispusiera de más dinero consumiría más. “Consumiría Más”. Esta declaración suicida, representa el pináculo de un iceberg cuya gran masa se oculta bajo una superficie de sociedad, bienestar y libre economía. El consumo nos domina y el poder oculto, que lo dirige e inspira, es dueño y señor de voluntades individuales y colectivas.

El consumo, que todos sin excepción; ricos o pobres, urbanitas o rurales, europeos o chinos, enaltecemos con nuestros deseos inagotables de tener más para consumir más, es una maquinaria al servicio de un poder que adormece conciencias, deprava actitudes y pone al pairo a la humanidad entera ante los avatares del mercado. Una humanidad que sufre y muere con el decaer de un consumo, que si por el contrario crece, resulta insostenible y letal. Trampa fatal, falacia aceptada por los ciudadanos de todos los mundos posibles, desde el primero hasta el último.

Autocracia y democracia se dan la mano para discurrir juntas por el sendero de la enajenación de un individuo, cuya libertad se limita a su capacidad de elegir aquello que puede comprar..

25 de marzo de 2010

Redes

Voy mirando desiertos, desiertos humanos plagados de actividad, voy mirando escaparates de sonrisas cristalizadas en un desierto.

Surfeo por las vidas de millones de personas que no están, que no son nada, fragmentos humanos, jirones de personalidades orgullosas de sí mismas, ansiosas del encuentro.

En el mercadillo de perfiles te encuentro, demacrada como un muerto entre lapidarias frases, anexiones fáciles y millones de pasados mantenidos en el congelador de las metaredes. Paradigmático espacio vanguardista repleto de pasado.

Me ajuntas, te ajunto en traje postmodernista. Bacanal del cotilleo; miro y dejo que me miren, paraíso del voyeur, sueños de portera.

Grupos de fans de la chorrada, tiempo vertido en la angustia de estar, vida de la pseudo-existencia: miro, miran, digo, dicen, ruido, cacofonía, buzz, pero de realidad nada.

19 de febrero de 2010

En venta

Cientos de escaparates nos miran desde la oscuridad, expuestos como estamos a la luz de las farolas del consumo...

Consumo, consume, consumid, consumamos, consuman, consumiendo..., consumo diario, consumo ocio y consumo negocio, consumo obsesión, consumo liberador, consumo autoestima, yo consumo, consumo imagen, consumo lo que vendo, consumo lo que consumo, consumo música, consumo comida, consumo ideologías, consumo recursos naturales, consumo emociones, consumo arte, consumo el espacio y también el tiempo, consumo delirio, adicción al consumo, consumo hoy, consumo mañana, consumo siempre, consumo gente, consumo droga, consumo imágenes, consumo saber, consumo información, consumo conocimiento, consumo de todo, todo lo consumo.

Consumo tecnología, consumo viajes, consumo aficiones, consumo aflicciones, consumo sexo, consumo servicios, con-sumo gusto, consumo oportunidades, consumo suerte, consumo energía; electricidad, gas, consumo petróleo, consumo democracia, consumo votos, consumo medios de transporte y de comunicación, consumo religión, la religión me consume, consumo lujo, consumo lo que quiero, consumo riqueza, consumo sobre la pobreza, consumo cadáveres, consumo terrorismo, consumo inflación y deflación, consumo capitalismo, el capitalismo también nos consume, consumo felicidad, consumo odio y sufrimiento, consumo lo que niego a otros, consumo tierra, consumo animales, consumo vida, consumo casas, ciudades y continentes, consumo objetos de consumo, consumo dogma, consumo pensamiento, consumo liberal, consumo estupidez, consumo idolatría, consumo la verdad, la verdad es que consumo.

Consumo esto y también aquello, consumo una mirada, consumo humor y pesadumbre, consumo sofisticado, consumo diferenciador, consumo virtual, consumo lo mismo, consumo homogéneo, consumo lo mío, lo tuyo o lo de todos, consumo nacionalismo, consumo banderas, consumo iconos, consumo más de lo que necesito y todo cuanto he consumido hasta ahora me impulsa a seguir haciéndolo.

15 de febrero de 2010

Atasco

Avanzo por un mar calmo, mar de mi imaginación, mar contemporáneo, mar fractal y sentido, mar repleto de lucernarias envueltas en metálicos reflejos.

Cadencia de tiempo mecido en invariable procesión. Mar aburrido. Sonoro mar cuyo lento oleaje va batiendo mi nave solitaria, equidistante de las miles de naves que obstinadas, acompañan mi periplo.

Atardece un mar gris obsesionante, liso, ceniciento, mientras el horizonte se enciende en luz reflejada. Magia de luz pintando sobre gris purpúreas, irisadas, brillantes pinceladas. Paleta de pintor inverosímil.

Mi singladura continúa lenta, inexorable. El leve oleaje, atenuado por el silencioso atardecer, asemeja el halito de un ser descomunal. Resplandores de mecánica irrealidad confunden la escena; tensión y calma, resignación y prisa...

Surco un mar de mareas imposibles, tanto como la solidez de sus aguas. Mar de mi memoria, mar de artificial factura.

El onírico viaje sufre una súbita sacudida al descender accidentalmente la ventanilla, ruido seco y polución infiltrándose en los sentidos y en el aire de este laberíntico Madrid.

Sueños de monotonía acompasan mi deambular en este proverbial embotellamiento.

22 de enero de 2010

Sofisticado

Abrumado por el desarrollo de los acontecimientos, el ser humano contempla inerte el bagaje emprendido por la humanidad hacia su propia destrucción. Un camino plagado de avisos y contenciones de un planeta benévolo y paciente, que ha sido transformado compulsivamente por una acción humana, que algunos aún insisten en negar.

Esta metamorfosis planetaria comenzó hace mucho tiempo, con la aparición del hombre sobre la Tierra. Una mutación paulatina, constante y sistemática, que emprendió el camino desde un estadio natural hacia una artificialidad que impregna casi todo lo que nos rodea.

Un paso decisivo lo dio Roma con el advenimiento de la ciudad en su sentido moderno, la “civitas”, que no dejaba de ser un intento amplio y decidido de establecer límites diáfanos a la naturaleza.

Esta “ciudad romana”, se constituyó en un espacio de exclusión de lo natural, creado al margen de las vicisitudes extremas a las que el hombre estaba sometido, cuando vivía de lleno en la naturaleza. Fuerzas incontrolables dominaban a un hombre que sentía el poder mágico de lo natural como un yugo insoslayable, inexplicable y al que decidió poner coto, construyendo un entorno a su medida, que no a la medida de los dioses.

Este entorno pronto demandó nuevas necesidades, que hasta entonces no se habían planteado, porque la naturaleza las proveía de modo sostenible aunque no modulable por la mano del hombre: nuevos objetos, soluciones, comodidades, vías de contacto, de comunicación, construcciones, infraestructuras y un sinfín de objetos y materiales hicieron su aparición.

Además, la manera de relacionarse de los hombres entre ellos y con el nuevo medio también cambió, por primera vez el contacto humano era tan estrecho y la colaboración buscaba fines en común tan ambiciosos y extensos. Así nació el derecho y las normas sociales, que nuevamente de manera artificial, generaron una estructura idiosincrática que permitía la reunión y convivencia de grandes grupos humanos, mucho más allá de la pequeña tribu unida por la simple supervivencia.

Todo este proceso fue dando lugar a una sofisticación cada vez más acusada, el inicial saber aplicado: la agrimensura, la geometría, las matemáticas, la ingeniería civil, dieron paso a una ciencia pujante y a una tecnología que se valía de esta ciencia para cobrar vida propia, sufriendo ambas en unos pocos siglos una vertiginosa sofisticación.

Toda esta sofisticación de procesos, objetos, pensamientos, estilos de vida, se ha ido incrementando con ritmo exponencial, sin fin, o mejor dicho con un fin sospechosamente autodestructivo, ya que se trata de una espiral infinita cuyo centrípeto movimiento acelerado constantemente con el paso de los tiempos, genera una acción transformadora que parece no querer cesar mientras siga existiendo una sola brizna natural que reemplazar, aprovechar, estrujar o diseccionar.

Todo refinamiento puede serlo hasta el paroxismo, toda opulencia tiene siempre un más allá, toda prosperidad material anhela su incremento, todo bienestar es siempre mejorable, cualquier posesión por magnífica y lujosa que sea es susceptible de ser sustituida por otra de mejor factura y exquisitez.

Refinamiento, lujo, suntuosidad, esplendor, artificialidad, sofisticación...

Sofisticación: acción o efecto de sofisticar.

Sofisticar: adulterar o falsificar con sofismas un razonamiento, quitar naturalidad a algo con exceso de artificio o pulimento o educación

Sofisticado: falto de naturalidad, afectadamente refinado.

5 de enero de 2010

Tribus de Uno

Tribus de Uno surgen, el individualismo exacerbado y la modificación de la costumbre las trajeron hasta el corazón de la urbe.

Fueron disminuyendo los grupos que compartían y hacían cosas en común. Y los que quedaron perdieron interés, limitándose a seguir a un líder, a un marcador de opinión.

Tribus de uno, moderna tipología de target basada en el individuo, en la hiperindividualidad.

Tribu de Uno es un nuevo perfil social en el que nadie es lo que parece, ni hace lo previsible. Sólo hace falta mirar alrededor: financieros y presidentes de bancos causantes de una crisis mundial, políticos que hacen gala de su descarada intencionalidad y son parte alícuota del problema y no de su solución, famosos en chorradas, genios desapercibidos, héroes invisibles en figuras de andar por casa, tránsfugas morales, seres de apariencia...

Tribus de Uno define al ser único que somos, pero también al ser gregario. Somos Uno y somos Tribu. Queremos que nos traten como individuo sin dejar de comportarnos como la mayoría. Un nuevo formato de tribu sofisticada; es decir compleja y avanzada, pero afectada y carente de naturalidad. Una tribu cobijada en una gruta tecnología que permite liberarse de la cultura de masas en la que estaba atrapada desde principios del siglo XX, para caer prisionera de una nueva masa de "cultura", teñida del espejismo de la individualidad

Individualismo, personalismo gregario sostenido en la necesidad de expresión y manifestación pública, universo de la customización, de lo exclusivo que precisa ser visto por los demás miembros de las Tribus de Uno.

Cada individuo es hoy una entidad autónoma indefinible, inclasificable por parámetros convencionales, porque los perfiles de grupo definen grupos no personas, y sin embargo cada individuo está incluido en algún de ellos.

El sentimiento de ser único choca directamente con el seguidismo que subyace en la paradoja, de no poder ser único, sino se alcanza el hueco de expresión dentro del grupo.

E pluribus unum - Ex uno plures

24 de diciembre de 2009

Incierto

¿A dónde va el pensamiento cuando cesa?, ¿a dónde el sentimiento al desaparecer?, ¿a dónde emigran la inteligencia, las sensaciones, los anhelos, las ansias, las desdichas y los gozos, cuando se extinguen?, ¿a dónde la amistad cuando se aleja?.

¿Regresará la inteligencia a la inteligencia?. Se sumará, tal vez, el conocimiento al universal conocimiento. ¿Será así como se nutre este?.

Saber quisiera dónde reposa la palabra después de pronunciada, dónde hallarán descanso los deseos, a qué lugar remoto recalarán los sueños, dónde nos encontramos cuando nos perdemos.

Mente partícula y particular mente cargada de particularismos, plena de ocupación, sumida en el movimiento. ¿Qué es la mente universal?

Y la pregunta fundamental; ¿Dónde va la vida cuando se va la vida? ¿Y el alma, y el espíritu?. Y tú, ¿a dónde irás tú?

Regresaremos...

Al lugar del que vinimos,

al comienzo que es el fin,

al fin que es el comienzo,

al lugar que nunca dejamos,

al ser que siempre fuimos.

La vida conspira contra el fundamental caos, y lo traspasa y lo ilumina...

3 de diciembre de 2009

Religión

El hecho religioso surge como respuesta a la necesidad de difusión de una escuela de pensamiento, instalándose como aparato de divulgación de ideas, certezas y visiones proféticas, más o menos filosóficas o místicas de la realidad. Pero esta acción de divulgar, va generando un efecto vulgarizador de los hechos, de los fundamentos relevantes que son objeto de difusión. Las iglesias y los aparatos de la fe, se transforman en departamentos de marketing ecuménicos que diseñan y definen estrategias, difunden y proclaman máximas, lanzan advertencias y amenazas, acuñan símbolos siendo creadores de la iconografía visual corporativa, diseñan marcas en definitiva, con sus planes de fidelización y sus programas de castigo y recompensa. Pero el aparato religioso establecido es ante todo un negocio de poder, un negocio de cifras multimillonarias inspirador de enfrentamientos, instigador de guerras, fuente de diferencias, emblema de separación entre iguales.

El hecho religioso, otrora surgido en un entorno de humildad y casi siempre en precario, se arropa con el tiempo de una poderosa maquinaria de poder barnizada de divinidad, en la que militan los grandes magnates de la fe, los insidiosos doctores de la iglesia, especuladores de conciencias, tendenciosos maestros del dogma, egocéntricos iluminados, toda una caterva de individuos asidos al poder de lo oculto. Oscurantismo exento de toda sabiduría, desprovisto de todo discernimiento, carente de la más sutil de las conciencias, viaje secular hacia la perversión de los principios, alejados hasta el paroxismo de la fuente que lo inspira, origen del vigente y milenario despropósito eclesiástico, igual en el oriente que en el occidente.

26 de noviembre de 2009

Calidad

Bien, calidad, belleza, perfección, divinidad, esplendor, magnificencia, prodigio, maravilla, virtuosismo, excelencia. Vocablos cotidianos, de los que sin embargo, parece haberse escapado su significado para una gran mayoría de ciudadanos que no son, no somos, capaces de diferenciar la excelencia en casi nada, y aquél que más enterado y perfeccionista parece, menos idea suele tener.

La calidad atraviesa horas muy bajas en nuestro amado mundo occidental; el MP3 hace tiempo que suplantó a la alta fidelidad, vídeos caseros compiten con las producciones cinematográficas y publicitarias del momento, el pixel le ha ganado la batalla a la nitidez, la atención y el servicio al cliente están de saldo y el autoservicio hasta en las gasolineras, se ha convertido en norma.

Hace dos años, el concertista Josua Bell, prestigioso violinista norteamericano, bajó al metro de Washington vestido con vaqueros y gorra de béisbol, llevando consigo un violín stradivarius de 1713, con el que comenzó a interpretar música de Bach. Él, que hacía unos días había llenado una sala de conciertos de a 100 euros la entrada, obtenía en este nuevo escenario una lamentable repercusión entre una audiencia anodina, que ni reparó él ni en su música. Posiblemente mientras esto sucedía, miles de conciudadanos nutrían su intelecto con la telebasura que se despacha sin restricciones en cualquier canal de televisión del orbe.

Es posible que estemos en un proceso de declive tan acusado como sociedad, que no somos conscientes de la cantidad tan apabullante de asuntos que han sufrido una merma notable de calidad, asuntos tales como la educación, la política, el aire que respiramos, los alimentos que comemos, el agua, las relaciones humanas, el trabajo, la estabilidad emocional y psicológica del individuo, el amor, la amistad, el tiempo y el espacio, la honestidad, la democracia, lo público, lo privado, el estado del bienestar, los principios éticos, los estéticos, la bondad, lo común, el silencio. Por no hablar del clima, el estado de los océanos, la superficie virgen del planeta, la economía de las familias, la palabra tanto escrita como hablada, el respeto por el otro, aunque tal vez esto último siga así desde antiguo.

Hemos devaluado la calidad por un creciente culto a la mediocridad en simbiosis con un conformismo materialista, o mejor dicho, dormidera del bienestar. La calidad se nos escapa de las manos, la calidad de pensamiento, la calidad de vida, la calidad de lo humano, la calidad humana.

La opinión pública, con más formación e información que nunca, es también la más influenciable, anodina y vulgar de la historia. Esta “opinión” transformada fácilmente en creencia, veredicto o sentencia, determina a menudo la magnitud y la importancia de los acontecimientos, de las ideas y de las gentes. Si unas semanas antes del concierto de Josua Bell, se hubiese anunciado que iba a tocar en el metro gratuitamente, armado con un stradivarius, el colapso de gente hubiese sido monumental. Gente que seguramente ni sabían quién es Josua Bell, ni diferencian al virtuoso violinista de un músico corriente tocando mal una viola barata, habría aplaudido tan “casual evento” hasta hacerse estigmas, y luego lo habría contado, publicado, transferido en directo y hasta inventado. La ocasión desde luego, hubiese bien merecido ser inmortalizada con cuantas fotos y vídeos nebulosos pudieran almacenarse en la exigua memoria de los teléfonos móviles de los presentes, cuyos propietarios, con esa expresión del tonto que mira al dedo..., habrían hecho gala de su habitual gracejo de reporteros urbanos, ante un acontecimiento tan “cool”, como era este.

Y es que cuando el dedo apunta a la luna, ya sabéis lo que el tonto mira...

30 de octubre de 2009

Relatividad

Miramos al cielo nocturno con la mirada escrutiñadora de Galileo o de Copérnico y en el mejor de los casos, y siempre que estemos alejados de los grandes centros de población, vemos miles de luces pugnando por romper un monótono y mono tono lienzo oscuro como el carbón. Es la luz abriéndose tímidamente paso, entre las infinitas tinieblas que todo lo pueblan.

Contemplamos este espectáculo magnífico en el desierto, por ejemplo, dónde una bóveda de estrellas nos aplasta contra una tierra llana como un plato. Miramos hoy hacia cualquier punto lejano del espacio y lo que vemos es ayer, como en una máquina del tiempo. Todo el planeta Tierra gravitando en un entorno de irrealidad ya desaparecido, extraña convivencia de presente y pasado en un solo acto, ayer y hoy en un mismo instante.

Miramos, para ver un universo incomprensible al que nuestra vista humana no alcanza. Miramos, y la luz que vemos es una luz inexistente ya, un reflejo de pasadas epopeyas que insiste en permanecer, que vuelve desde las fronteras de la muerte. Miramos y vemos la oscuridad total, “el vacío”, un vacío sin embargo repleto de materia desconcertante e incierta.

Materia invisible, acontecimientos del pasado que parecen suceder hoy, áurea proporción uniéndolo todo, vida en forma de sutil vibración.

En este universo de incomparables enigmas, donde todo fluye y cambia, todo se expande y se contrae, donde todo avanza y retrocede, donde hasta el pasado convive con el presente. ¿De qué sirve alentar nuestros deseos, qué hacemos con nuestras verdades, qué con nuestras certezas?

24 de octubre de 2009

Peregrinación

Modernas tribus de peregrinos 2.0 reemplazan al arcaizante personaje del medievo, que emprendía peregrinaciones esforzadas y hasta tortuosas, para alcanzar el favor de aquella alejada divinidad.

Son los nuevos romeros en busca de una nueva tierra santa. Tierra prometida a golpe de click, en forma de irrenunciable oferta de temporada. Modernas y acaudaladas hordas han cambiado el fervor beato, abnegado y doliente, por el gusto fácil y simple de hacer turismo.

Cientos, miles de nuevos peregrinos todos a una, como un solo ser, todos distintos aunque iguales, se dan cita en los mismos lugares, en idénticas fechas abarrotando abadías, centros históricos, parajes singulares, ciudades milenarias o pueblos olvidados en el tiempo, con el desparpajo y la naturalidad del que hace la compra en el centro comercial.

Turismo moderno, peregrinaje que transforma aquello de lo que gusta y venera, para despreciarlo luego cuando su propia actividad lo altera.

Modernas multitudes fieles al culto del ocio, inundan lugares sagrados o paganos de sonrosadas pieles envueltas en casual wear. Miradas bizqueantes, que perdidas en diminutas pantallas LCD, intentan registrar en sus cámaras por mirada interpuesta, ese momento del que hay que dar fe, antes de que se aleje definitivamente. Vivir fingido entre miles de seres que se aglutinan en la cola del museo diocesano o frente a la torre de la aquella iglesia, que promete una visión única desde lo alto del campanario.

Historia y cultura mirada más que nunca pero vista como siempre, porque ninguna huida, ni la del moderno peregrino, deja atrás el bagaje personal y colectivo que lleva en la maleta del corazón y de la mente todo individuo; ser-gregario, hombre-masa, civilización-colmena, adocenada y dócil, mientras pueda seguir adquiriendo las modernas indulgencias en forma de vitales experiencias.

Pero como bassho bien nos recuerda: “La vida es un hecho espiritual en donde la base de todo es trascendente” así pues “agarremos lo que los sueños nos susurran y salvémoslos del naufragio de la vigilia”, permítase esta cita, en voz muy baja.

3 de octubre de 2009

Afinidad

Frente a la inabarcable magnitud de la diversidad, el hombre busca su identidad en la similitud, en sus iguales, entre aquellos que ostentan un parecido ideario.Se propicia así la pertenencia al grupo, un grupo que para mantener la cohesión sacraliza ideas, dogmatiza tendencias, fundamentaliza posturas. Es el retorno a la tribu, una nueva tribu que transciende los ancestrales lazos de sangre fortaleciendo los ideológicos, creando enlaces identitarios, incentivando la afinidad de criterios construidos con frecuencia, en torno a alguna quimera.

La búsqueda de la afinidad desemboca, a menudo, en forzada coincidencia que tiende a adormecer e incluso a anular el discernimiento, y sin este, el individuo se transforma en hombre-masa, en individuo-colectivo, en ser-grupo, poco importa que el grupo sea grande o pequeño, porque en sociedades donde la relación se establece “inter pares”, las minorías tienen un amplio espacio de culto y ejercen tanta influencia o más que las mayorías.

Esta surgencia de los micro-colectivos, que pueden llegar a constituir grandes corrientes o incluso imperios, no es patrimonio de lo moderno, sino que su rastro salpica la senda histórica de la existencia humana; movimientos religiosos, iglesias, ideologías, partidos, escuelas encuentran su génesis en una idea semilla, que cobra fuerza y poder a medida que gana adeptos. Es posiblemente un mecanismo que tiene que ver con la necesidad social del ser humano, y con una atávica inseguridad que busca garantizar en lo ajeno, lo que no termina de afirmarse en lo propio. Pero es también y sobre todo, un tremendo y frecuente horror vacui ideológico, un miedo secular al libre pensamiento, una imperiosa necesidad de llenar el vacío de afinidad, de entes en sintonía, de ecos que devuelvan y aporten veracidad a las creencias del individuo.

Se trata de una tendencia a lo gregario que alimenta con gran frecuencia, la aparición de “Burbujas Ideológicas”, son burbujas en tanto que sus recintos identitarios se muestran impermeables a toda influencia externa, haciendo gala de un endemismo ideológico que retroalimenta permanentemente sus creencias y su particular cosmovisión. Es esta una actitud claramente sectaria, que si además se encuentra aderezada de incomprensión o de marginalidad, contribuye a “elevar” la condición de su pensamiento convirtiéndolo en “lucha”. Esta unívoca visión burbuja, con su particularismo visionario, hace posible la sublimación del hecho más disparatado, que rápidamente se transforma en fehaciente prueba demostrartiva de la teoría o sostén del ideario. Cualquier hecho es susceptible de ser filtrado e interpretado en beneficio de esta verdad construida y alimentada dentro de la preciada burbuja ideológica.

Así es como los idearios y las ideologías, que deberían estar al servicio del Hombre, lesclavizan a este y cobran naturaleza de identidad, cuando el ser humano sacraliza y se identifica con una idea paradigmática, poniendo en barbecho el discernimiento. Es un camino directo a la obcecación primero, la imperiosa necesidad de estar en lo cierto después; (necesidad de creer), y desde allí a la negación y descrédito a todo lo que es considerado ajeno su modelo de pensamiento.

La burbuja aporta, con frecuencia, una particularísima mirada sobre un aspecto concreto, se trata de un punto de vista plausible sobre una cierta realidad, que cobra naturaleza de descubrimiento, limitado por el dintorno de la propia burbuja ideológica de la que se alimenta, es un coto de entendimiento, un espacio cerrado en el que frecuentemente se confunde información con conocimiento. La primera consecuencia es la prosperidad de un endemismo que aporta un espacio de tranquilidad al acólito, ofreciéndole explicaciones entendibles, a menudo simplistas o no exentas de cierto populismo. Cabría analizar el auge del freekismo como una posible manifestación de esta tendencia.

El problema de estas burbujas identitarias, surge cuando intentan fomentar el proselitismo, como acto necesario para que el resto de la humanidad entienda, y comparta por tanto, la importancia y la verdad de sus postulados. Este hecho no exento de buenas dosis de arrogancia, disfrazada de interés auténtico por el conjunto de la humanidad, supone un salto cualitativo para la burbuja, que deja de ser un planteamiento privado o personal para saltar a la escena de lo público y común.

No niego la utilidad de estas burbujas en casos extremos en los que el pensamiento y la libertad se encuentran sitiados por totalitarismos o sojuzgados por la fuerza, pero dichas burbujas deben romper sus lindes una vez superada la situación de riesgo. Sólo en condiciones excepcionales puede ser necesario el asilamiento ideológico, como recurso de supervivencia.

Frente a esta permanente búsqueda de la afinidad; de ideas, sexo, tendencias, religión, estilos de vida, moda...., propugno el nomadismo identitario, la eclosión de toda burbuja conceptual como aporte de aire nuevo, el tránsito libre y desapegado a través de ideas, conceptos, opiniones y creencias, la adopción sin complejos de un libre pensamiento para almas y espíritus libres; iguales, parecidas o diferentes pero libres, que no renuncien a encontrar respuestas, pero que entiendan que la Búsqueda no debe estar limitada por nada más que las capacidades del intelecto y del alma de aquél que realmente quiere encontrar.

1 de septiembre de 2009

Aliento

Aire, crisol de alientos, hálito contenido de los seres que son y de los que fueron. Respiración, que en cada inhalación acarreas la expiración de mil alientos.


Mar y río y lluvia, portadores del agua mil veces bebida. Mar de aguas danzarinas que fluyen, se evaporan, siendo agua ahora para ser cuerpo luego.


Tierra, alimento. Carne y sustancia de tantos y tanto seres, los de ahora y los de todo tiempo.


Mente, océano de pensamientos compartidos, entrelazados, participados. Públicos pensamientos que recorren la humanidad entera sin autoría concreta, patrimonio común, mente universal.


¿Quiénes somos? Si, sólo somos cuerpo.

¿Cuál es la diferencia? Si participamos de la misma sustancia

¿Qué nos separa? Cuando nos une la esencia.


Pensamiento, tierra, agua, aliento. Aliento tuyo en mí y el mío en todos. Aliento único fluyendo, recorriéndonos, viviéndonos. Hálito, soplo, respiro, jadeo, inhalación y experimentación del otro. Inspiro y te tomo y te poseo, exhalo y me doy, me entrego.


Respirar nos hace uno, respiración única, único aliento.

1 de agosto de 2009

Rutina

Avanza la luz de amanecida despejando las sombras nocturnas. En el malecón de la vida las olas de la rutina chapotean con cadencioso ritmo una y otra vez, sin ímpetu, sin coraje, pero incansables.

La espuma y la marea cotidianas van dejando su sedimento en los profundos rincones del alma, desgastando el embarcadero de la mente, minando el dique del sentimiento. En el receptáculo del corazón se amontonan impresiones, emociones, recuerdos.

El hombre se va tornando muro y su interior se hace esquivo e impenetrable, reservándose todo el tiempo, guardándose, limitándose. Cierta fotofobia mantiene en la oscuridad un interior oculto incluso a su propia mirada.

Un hombre vive mientras otro subyace, un hombre aparenta mientras que otro anhela, un hombre olvida al tiempo que otro pugna por recordar, uno exige y el otro pide, uno coge siempre mientras que el otro sólo da, uno desconfía y el otro espera. Ambos son el mismo hombre, les separa solamente la barrera de la propia inconsciencia, ese olvido atávico y ancestral que es el olvido de uno mismo.

Pero en cada mañana, en cada tardecer y en cada uno de los instantes de cada día, todo empieza de nuevo; el universo se reinventa en cada ahora, un eterno y generoso comienzo nos ofrece un nuevo génesis a cada paso. La realidad se transformar ante la magia de la consciencia, es el despertar del sueño.

Avanza la luz de mediodía despejando las sombras que habitan en la mente mientras la meditación hace volver una y otra vez el silencio, un silencio tan escapista como reiterada debe ser la voluntad de alcanzarlo. Voluntad del hombre en el filo del presente decidida a recordar, a dejar entrar la luz de un nuevo conocimiento, decidida a volver a empezar porque, la vida es siempre comienzo y la triste rutina tan sólo el barniz de ignorancia de aquél, que cree ya saberlo todo.

20 de julio de 2009

Virtualidad

Viajaba en su viejo barco; un barco, noble, decidido y marinero, pero viejo. Se trata de un navío de otro tiempo, un tiempo cercano pero abismalmente distante. Un tiempo en el que la mar y el navío surcaban juntos la realidad, porque eran parte de lo mismo.

Pero desde el día del gran apagón el mar se transformó y su comportamiento fue haciéndose más y más extraño. El oleaje empezó a tener una monótona cadencia, un ritmo constante, un pulso artificioso. Las olas comenzaron a salpicar con cierto retardo y hasta el tránsito de la luz parecía no alterar la dirección de las sombras. Se trataba de un mar decididamente extraño.

Todos aquellos cambios fueron sucediendo de forma paulatina, pausada, de manera que resultaban inadvertidos para la mayoría, una mayoría siempre narcotizada por la novedad. Pero para el viejo marinero, los cambios en la mar eran significativos, hacía largo tiempo que los había identificado, datado incluso. Sin embargo todo cambió aquella mañana en la que al mirar hacia la amura de babor, percibió cierta sensación de irrealidad; la espuma que se formaba al golpear el agua en la quilla y que recorría las bordas de la nave, tenía algo de pictograma manga y pudo ver con nitidez, como las crestas de aquella espuma imaginaria estaban culminadas por unos inconfundibles cuadradillos pixelados.

Desde aquel día empezó a percibir en todo cuanto miraba, los trazos definidos del dibujo que caracterizan a todo diseño humano, y comprendió con gran asombro, que el mar por el que viajaba, el cielo que le cubría, el horizonte al que se dirigía y hasta su propio barco, todo, era una creación artificial, un mundo de diseño, una realidad virtual en la que la humanidad entera estaba atrapada.

Aquella mirada al mar cambió su vida, fue el comienzo de su despertar.

3 de julio de 2009

Beneficio

Los conceptos cambian casi sin darnos cuenta, mutan, se transforman redefiniendo su significado y generando nuevos ámbitos de realidad en torno suyo.

Del “bien que se hace o se recibe”, definición tradicional de beneficio, hemos pasado al beneficio-ganancia o al beneficio indicador de riqueza: de empresas, de países, de personas.

Es este un cambio sustantivo, pues aquél beneficio que antes estaba en función del “bien”, ahora se sitúa en el entorno del provecho que se saca de algo, de la ganancia obtenida, quedando excluida toda referencia al bien. Nótese el cambio; bien que se da o se recibe – provecho que obtengo u obtiene alguien de algo. Un enfoque este último que implica un arraigado sentido de propiedad de carácter planetario.

Sin embargo, quizás por la brevedad de este proceso de cambio, tal vez porque todo conserva parte de su origen, el caso es que habiendo sufrido una mutación tan perversa, el término beneficio sigue pareciendo o al menos aparentando encerrar, un bien neto e incuestionable.

Asumimos así, apoyado con vehemencia por los divulgadores de los pensamientos únicos, que beneficio es sinónimo de riqueza, pero que pareciera destinada a alcanzar a todo el tejido social o aún más, a la humanidad entera.

Beneficio, concepto metamorfoseado, trasmutado; de paradigma de perfección humana, a máxima del avaro egoísmo postmoderno. Tecnicismo economista que como recién estrenada religión, necesita acuñar términos que apoyen su expansionismo, contribuyendo a divulgarla.

Estamos en la era de un nuevo beneficio, aquel que criba sin piedad los dividendos. Resultado espurio entre gastos e ingresos siempre positivo, gracias a una contabilidad que hace coste cero de todo bien natural, de todo residuo industrial, de todo proceso de fabricación y de diseño que se desvincula contablemente de la responsabilidad de perpetuar la vida en el planeta.

Cualquier educador corregiría al alumno que para hacer un trabajo de clase pretendiera horadar los cimientos del colegio, sin embargo en la edad adulta nadie corrige el sistema de generación de beneficio que atenta contra la supervivencia del propio sistema y contra la vida misma, encubriendo su criminal actividad con términos modificados lingüísticamente y acuñados en el crisol de una nueva mitología.

22 de junio de 2009

Dolor

Volvieron a ladrar los perros de la ira,
y bocanadas de sangre ahogaron vida e inteligencia,
por nada.

Volvió la bomba fácil a segar la bella y costosa vida,
para saciar absurdas locuras que no valen nada.

¿Dónde quedo el hombre?, ¿Dónde lo humano?
¿Quién hizo al pistolero?, ¿Cómo dejóse hacer él?

Un día más el fundamentalismo se cobra un tributo inútil, generando un dolor hueco, un vacío irremplazable.

Dolor, testigo mudo de la sin razón que a quién lo siente, sólo a quién lo siente, le vuelve más humano.

8 de junio de 2009

3.0

En el tránsito de la web 2.0 a la 3.0 nos encaminamos hacia la hiper-participatividad de unos ciudadanos enredados en las redes sociales, en blogs opinantes, como este, en lo juegos online o en multitud de sites que alientan el puro exhibicionismo. Asistimos al incremento exponencial a la exposición pública de lo privado e íntimo, es el apogeo del voyeurismo que surge como muestra de la absoluta banalización de la vida, prueba irrefutable de la permanente necesidad de superconectividad. Auge de mundos virtuales como escapista escaparate de realidad. Adopción total del “Foreverismo”.

Efervescente actividad ligada a una pantalla, que contrasta con la dejación de la ciudadanía en temas cruciales como el recorte de libertades individuales, la conversión de la ciudad en plató de gran hermano con vigilancia intensiva y obsesiva 24 horas, medidas preventivas en aeropuertos, limitación de la presunción de inocencia, cesión de datos privados de manera indiscriminada y sin posibilidad de control, dejación de lo público en manos de políticos corruptos y desfalcadores que siguen contando con los votos de una mayoría, a la que no parece importarle nada ni sus desmanes ni su despotismo...

Pero estos son sólo algunos indicadores. El ser-ciudadano del occidente actual, aunque no está mejor el de oriente, es un ser obnubilado por la tecnología, prisionero de lo accesorio, de lo intrascendente, un ser-ciudadano transformado en ciudadano-consumidor, capaz de agruparse en torno a una o varias redes sociales en las que permanece atento a un creciente número de idioteces; ¡qué hago en este momento!, ¡dónde estoy! o colgado de cualquier desatinada opinión en torno a cualquier cosa. Lo íntimo se subvierte en público y lo escatológico e insustancial en relevante.

El ser 3.0 impelido por la levedad de una recién estrenada neomodernidad, se mece atónito en las modas, adherido a las “redes gregarias” vive absorto en la nadería inconsistente de las tendencias, con la mirada puesta en otro lado mientras tiburones financieros y políticos sin escrúpulos siguen medrando a costa de lo público, mientras el planeta da bocanadas de agotamiento, mientras la superexplotación de recursos nos lleva al abismo, mientras el fundamentalismo se instalada entre nosotros con vocación de quedarse, mientras el valor de lo humano se sirve en el mismo plato que la mediocridad y la basura...

El camino del ciudadano-consumidor está agotado, aunque el no lo sepa. La verdadera transformación 3.0 se producirá cuando florezca un ser-ciudadano consciente de su realidad como individuo y comprometido con una nueva idea de humanidad.

11 de mayo de 2009

Éxito

Movidos por el éxito, inmersos en la bonanza económica, imbuidos por la corriente infinita de la suma permanente. Espacio lleno, repleto, dónde “más” es siempre insuficiente, lugar en el que toda abundancia es escasa, donde la carencia y el vacío se alimentan de consumo. Avance vertiginoso, trepidante. Desprecio por todo cuanto no es rabiosamente nuevo. Yonquis de la moda, adictos a la novedad, enganchados a la última primicia, amantes del estreno, exhibidores del lujo, colgados por aparentar, locos por poseerlo todo y más.

Conocimiento, justicia, economía, tecnología, progreso, bienestar, socialización democrática del éxito. El éxito es meta y coartada de la desmedida ambición, terreno abonado para que la ética, la compasión, el respeto por el otro, la solidaridad, el cuidado de lo común, la belleza, se apaguen ante la tiranía del sentido práctico, eufemismo moderno que enmascara la dictadura del éxito a cualquier precio.

Maquiavélica maquinaria de consumo y producción. Consumir a ritmo creciente es una huída hacia adelante, que deja en su retaguardia tanta basura y destrucción, que ni las altas y bien vigiladas vallas del lujo podrán contener el alud.

Terminología errónea que confunde más con mejor; más dinero, más votos, más patrimonio, más lectores en el blog, más audiencia, más éxito. Cuando “más” lo mide todo, la cantidad acaba sepultando a la calidad y asesinando toda cualidad no adictiva.