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20 de marzo de 2014

Vestigios


No sintió como se deslizaba, ni tan siquiera apreció el tránsito hacia aquel lugar, tan solo, llegado el momento, comprendió que estaba allí, fue como si sucediera simplemente.
Aquel espacio le sobrecogía de manera imprecisa, había algo en él que anunciaba su propio espacio, el reducto de su propia existencia, algo que le enfrentaba con una suerte de epílogo.
Una vez allí, continuó con su trabajo, no era un trabajo arduo ni mucho menos, sino fuera por la callada inquietud que lo perseguía con insistencia. Se trataba de mirar, de indagar, de averiguar en definitiva a través de los indicios que quedaban en aquel lugar la personalidad que los creó, las claves de una mente que había extendido las alucinaciones por el comedor, el salón, la bañera, los tejados, el taller…, como el que extiende una sábana sobre la cama o un mantel encima de la mesa, con la misma naturalidad y simplismo.
El tiempo parecía estacionario, detenido para siempre en un presente continuo que anticipaba un futuro sin lograr alcanzarlo nunca, un espacio estático y eterno que al mismo tiempo se desplomaba, se volvía impreciso y difuso, de una realidad inconsistente, apócrifa.
Miraba con pasión los rincones desde los que iba rescatando retazos de asombro, briznas de realidad, pizcas de genialidad mezcladas con átomos de locura, un cosmos complejo y perverso sustentado en una vida simple e intrascendente.
Era una distorsión en el espacio-tiempo, una rareza que como agujero de gusano se colaba en otro plano de realidad espacial y temporal. Por que ¿qué espacio era aquel? ¿cuál era su plano de existencia? ¿cuál su génesis? ¿cuál su realidad?.
Era una surgencia de desconocido origen que indagaba en los planos más profundos de la mente, en el limbo del subconsciente donde toda realidad es posible y todo mundo imaginado es realidad. Recorría la casa del loco, transitaba por el frenopático de la imaginación, de una imaginación antigua, ancestral, un reducto del pasado que conectaba con el presente a su través.
Sin quererlo se sentía como el vehículo inevitable que transportaba una locura, una sinrazón, una herencia muerta. Indagaba y a cada paso la muerte detenida y eterna le miraba a los ojos, de cerca, sin arrogancias ni pudor.
Descubrió que el origen de la inquietud era el roce de la muerte, rotunda y sin atenuantes. Cada palabra que leía, cada dibujo que veía, cada referencia que investigaba eran materia muerta, harapos de lo que fue, entonces por primera vez, notó el polvo cubriéndolo todo, como un manto que viraba los colores a blanco y negro, una espesa capa de polvo que se introducía por cada poro de su piel, que inhalaba con cada respiración, que cubría sus ojos en cada parpadeo, un polvo como ceniza que se pegaba a la piel y al corazón.
Caminaba sobre cenizas y a cada paso se levantaba una polvareda, ahora lo veía con precisión. Pero no se trataba de las cenizas residuales de un incendio, sino de las cenizas de la nada, aquellas que provoca el simple paso del tiempo, como vestigio plomizo que todo lo iguala, haciendo análogo lo desemejante, uniformando la diferencia.
La presión se atenuó al entender que aquel espacio en el que indagaba era un sepulcro, un sepulcro que no estaba ubicado en ningún lugar concreto, un sepulcro mental en una mente universal que fagocitaba sus recuerdos haciendo ceniza la realidad de otro tiempo.
Aquel sería su destino y el de todos, un limo de cenizas que con suerte o sin ella alguien alguna vez pretendería revivir, evidentemente sin éxito. Entendió que su aspiración por revivir, por resucitar aquel legado era una ruta cierta que sin embargo le enfrentaba a la arqueología no de los restos sino de lo que fue: sentimientos, anhelos, pasiones, miedos, alegría…
Una iconografía plagada de momentos que quedaron congelados en láminas, cuadros, escritos, objetos, expresiones de aquel si mismo que fue y cuyos perfiles hoy están difuminados por la mano borrosa del tiempo.
Nadaba en vestigios que le anudaban por dentro, porque toda historia, aunque ajena, es siempre la propia historia, historias y vidas que empiezan a hacerse una cuando dejamos de dar vueltas alrededor del sol.

12 de febrero de 2014

Cripta


Luz colándose entre las ramas de esbeltos y frondosos árboles, el bosque que puebla el valle está salpicado de pinos con grandes manchas de hayas, de robles y a medida que el valle gana altura algún indómito serbal.
El frío de la mañana contrasta con un resplandeciente sol que alumbra el cañón y las cumbres altivas que se alzan en lo alto. El silencio y la soledad son físicos.
Un enrocado camino asciende con brío dubitativo hacia la atalaya de las cimas, se trata de un sendero esquivo que rehúye ser pisado. Su pronunciada pendiente hace perder pie con frecuencia en el tortuoso ascenso. Rumor de viento entre las ramas. La distancia, como siempre en la montaña, es mayor de lo que aparenta, la montaña es una dama que se resiste a entregarse con facilidad, siempre impone su exigencia, a menudo caprichosa exigencia.
El frío y el viento maquillan la montaña junto con el agua y el sol, el montañero se expone también a todos ellos, al duro maquillaje de las montañas que ama. Esta ascensión, no muy prolongada, siempre fue penosa y agotadora, mucho más que otras más largas y pronunciadas, sin que exista una lógica explicación.
El caminante busca un encuentro de otro tiempo, un encuentro con las cumbres, con sus cumbres, un promontorio que se alza por encima de bosques y valles, por encima de rocas y ríos, ese vértice que da sentido al abismo, ese apogeo rocoso desde el que se vislumbra la magia de la altitud. El caminante busca un encuentro que se resiste para ceder finalmente ante la persistencia, ante la voluntad firme e inequívoca de coronar.
El habitual recibimiento de viento y frío anuncian el punto más alto y más expuesto de esta cuerda montañosa. Blancas las peñas de estas Peñas Blancas, blancas y frías. Grupo de colosales peñas de paredes verticales que se alzan como torreones sobre la pendiente, diedros, chimeneas, placas, plano inclinado sobre plano inclinado en un delirio de verticalidad cubista, fobia a lo horizontal.
No hay apenas lugares donde sentarse, todo es puro desnivel, una oquedad construida por el desprendimiento de una gran roca encajada entre dos altos muros, da paso a una especie de mirador sobre el abismo, es la parte más aérea y expuesta de esta escarpadura. Abajo el frío abismo, al lado sólo el cielo.
Una inquietante presencia habita en estas rocas, la siente el caminante hoy igual que entonces, o será tal vez la aprehensión; este glacial granito, el silencio duro como metal, la montaña desafiante y altiva, el vértigo de las alturas…
Algo sobrecogedor impregna el aire, son vientos de ahora mezclados con miedos prístinos, cervales, una vez más la extraña sensación de profanar un sepulcro, porque eso es realmente este lugar, un sepulcro, una cripta extrínseca de roca maciza, el lugar en el que hace ya más de treinta años murió despeñado el compañero de cordada, descanse en paz.

19 de diciembre de 2013

Gente


Sombras como una letanía inflaman el aire, cantos desesperados resuenan entre edificios de acero y témpano, lamentos sordos y huecos hacen de la vida monotonía.
Gente, buena gente que llena calles, mercados, plazas, colma hogares y casas. Gente, que asomada a la desgracia, a la sin razón, a la injusticia aprieta los dientes y domestica el alma, alma y espíritu domesticados para no ladrar, para no morder ni tan siquiera a quién le ataca.
Es gente que mira a otro lado esperando que pase de largo el amargo trago, buena gente que no se subleva, que no pide ni grita ni nada, sólo espera que pase o que no pase nada.
Es la gente que alimenta, con su silencio y su mirada injusticia, devastación, escándalo, locura y perversión suprema, es la gente que aguanta todo sin queja. No llora cuando otro llora, se incomoda si otro se queja, mira a otra parte si alguien zozobra, si se le necesita su compromiso se aleja.
La buena gente que puebla pueblos, ciudades, países y tierras sin levantar la cabeza ante el poder establecido, ante el que cede siempre sin resistencia. Es la gente buena que sólo exige al que tiene por debajo para que no levante la cabeza.

6 de octubre de 2013

Luz


Las sombras son el escondite en el que se refugia la vida, es noche cerrado en los campos de Soria, una pequeña ciudadela como antorcha tenue se alza desde milenaria atalaya, la negrura inunda un universo en el que la luz es un hecho anecdótico que apenas interrumpe lo oscuro.
Sombras caminando van por estrechas callejuelas de sinuosa configuración árabe, plazas empedradas… Bajo el centenario tejo la escasa luz se torna espectral, la realidad se aproxima al sueño, se hace onírica, se deforma convirtiendo las ramas en manos, las hojas en dedos huesudos y despintados.
Sonidos elementales pueblan un aire ligero, lleno de presencias. Sobre ellos, entre ellos y bajo ellos el silencio, silencio como sustrato en el que acontece el sonido, como lienzo elástico donde se dibuja la vibración sonora, silencio compañero inseparable de la negrura que envuelve.
Luz irreal, leve y vaporosa que pinta mundos de otra época, viaje en el tiempo en la imaginación del viajero, realidad que se ensueña, fantasía verídica hecha de realidad.
Culturas y muertos se entrecruzan en muros alejados ya de todo tiempo, intemporales moradas, susurros parecen caminar por las calles desiertas.
Luz ausente alrededor, luz y sonido en fuga. En un rincón de la muralla un arco apuntado, sobrio y señorial habla en su lenguaje de siglos con acento árabe español, su entorno antes defensivo ahora parece invitar al sosiego, al encuentro, al amor.
Luz en un rincón del alma, luz en Medinaceli al anochecer.

19 de agosto de 2013

Espera


Del oeste, un viento suave, esponjoso y cálido trae en suspensión uno de esos tiempos de espera que despejan la frente y liberan el alma, instalando una leve calina en la retina de la memoria.
Una brisa de tiempo detenido, casi ausente, un tiempo extraño pero tonificante, es un lapso temporal sin expectativas ni reservas, un momento de entrega a la plena existencia.
Es esta una brisa amable de mediados de estío envuelta en un aire pálido y taciturno pero esencialmente vivo; “quién no conoce la pasión fronteriza y prohibida, vive sin conocer la vida”. Es la brisa de la calma veraniega, calma de la espera, una espera repleta de vida que espera, espera creencia y permanencia, espera esencia e inminencia.
Espiras de viento acarreando filamentos de otros tiempos detenidos en lejanos lugares, esencias de mar, montañas, desiertos, pensamientos, jirones de sentimientos que inflaman las velas del alma, alma en espera.
Espera recortada sobre el fondo azul descolorido de un rucio cielo canicular. “El calor de la pasión templa a los hombres y es la envidia de los dioses”.
Céfiro suave y delicado que portando va recuerdos, ideas, pasiones y encuentros.

14 de julio de 2013

Bache


Detrás de lo aparente se encuentra la verdad. Absorto en la propia incertidumbre, mirando más allá de la piel de las cosas, donde estaba ella, sin estar. Perdido en el laberinto de la vida transitaba por una ciudad olvidada de sí mismo, olvidada de ella, una ciudad henchida de soledad, ahíta de tristeza.
Sintió cesar, una leve muerte emergió en el desvelo de la conciencia, por un instante y con alivio dejó de ser, conciencia de saber, conciencia de ser. El día no podía ser peor. La desesperanza conspiraba con la misma intensidad que el desconsuelo. Olas de fatiga golpeaban tenaces la borda desde la misma línea de flotación. Vértigo ante el peligro mostrándose desde lo alto de la resbaladiza pendiente del abatimiento. Una copa de rioja para atenuar el desasosiego.
Con el sabor agrio del vino aún en la garganta, corrió a refugiarse en el arte; arte Sumerio, navegación por el Tigris y el Eúfrates hacia una perdida Mesopotamia. Ventana abierta al aire fresco con el que disolver tanto desánimo. El sistema trabaja para mantener intacta toda desigualdad; leyes, normas, justicia, son un contubernio que crea cauces a la riqueza, un sistema que enriquece al rico y deja al pobre empobrecido sin remedio.
Inmersión en los mares del arte: arte antiguo, Picasso, Miró, Juan Gris, Robert Adams, descubrimiento de un Dalí ignoto. Arte llenando los huecos, impregnado lo interior de una visión que deja la cotidianeidad en el desván de lo consciente. Necesidad de arte. Buscaba pero no estaba, nada había, solo ausencias, buscaba sin encontrar.
La ciudad, oculta bajo el cielo de un abismal desencuentro, palidecía. El sordo sonido del tráfico semejaba un latido incongruente, voces aceradas cortaban el aire. Y el arte, el arte de nuevo, cómo bálsamo benefactor, volvió a salvarle de sí mismo.

17 de junio de 2013

Feudal


En el medioevo los señores feudales determinaban con arbitraria impunidad, los diezmos que habrían de pagar sus súbditos para sufragar sus conquistas, costear sus aventuras guerreras y su estilo de vida.

Los recaudadores solían ir acompañados de soldados que velaban con castrense celo por el cumplimiento de las órdenes de su señor.

Hoy como entonces, los ciudadanos degradados a súbditos de las modernas elites político-económicas pagan con sus impuestos los desmanes de una banca especulativa y delicuente mientras una moderna soldadesca reprime cualquier manifestación de descontento en las calles, ataviados, igual que aquellos, con armaduras, cascos y escudos.

26 de abril de 2013

Rostros


Surcos recorriendo toda la superficie, grandes pliegues acentuando la rudeza de un lugar seco y devastado.

Espacios cuarteados, tallados por los rigores de decenas de inviernos, de sinfín de estíos.

Cándidos, estructurales, surcos de la ira y de la bondad de los hombres. Como sendas que recorren sus rostros, rostros de tierra reseca tatuados con trazos de estilo y buril.

La vida cincela hoy nuestro rostro de mañana, como capa corácea a veces, como tela sutil otras.

Cada miedo, cada rencor, cada amor y desamor, cada pensamiento, locura o temor, cada sentimiento, desvelo, incertidumbre, aprecio y desprecio queda grabado en la profundidad del alma y en la superficie del rostro.

Rostros que desvelan lo mejor y lo peor, en afectadas facciones acumuladas, superpuestas.

Me asomo al abismo de mil rostros, rostros que me miraron, semblantes perdidos ya en los confines del tiempo, rostros atormentados, rostros que se perdieron.

Surcos de vida esculpen volúmenes y senderos hechos con jirones de lo que en cada instante habita en lo interior.

Rostros desfigurados, monstruos hechos rostro, rostros aún por cincelar, rostros nuevos y antiguos rostros, rostros bellos e impecables, libres aún de la gubia del tiempo.

Rostros ocultos que no quieren mostrar su realidad, rostros tapados, maquillados, operados, botulínicos rostros, rostros desesperados por ser quien no son.

Rostros duros protegiendo el interior débil, rostros débiles dulcificando el oscuro interior, rostros efigie, mueca o mohín, hieráticos rostros inexpresivos con la crueldad a flor de piel. Rostros inmutables ante el sufrimiento y otros empáticos hasta la extenuación.

Rostros todos que cuentan vidas en lenguaje de gestos, pliegues de piel como palabras escritas en un verso.

26 de marzo de 2013

Música


Entro en el tubo, el sonido atronador del metro reverbera en el silencio sordo de los viajeros; ensimismados, ausentes, parecen haber abandonado su personalidad en la entrada.
Me siento. Algo constriñe este pequeño universo plagado de seres autómatas. El vagón está lleno pero no repleto, es primera hora de la mañana, una procesión de individuos lejanos se deja llevar hacia sus trabajos como portando una pesada carga a sus espaldas.
Se abren las puertas en la estación. Junto a un par de viajeros entra un sujeto de tez oscura, grueso y sucio, arrastra un carro de la compra al que ha adaptado un pequeño amplificador de sonido y una caja de ritmos. Su aspecto es francamente desagradable, en la mente del vagón se dibuja un pensamiento de hastío, de desaprobación.
Sin reparar en el entorno el individuo se toma su tiempo preparándose para la interpretación, conecta el sonido y una melodía indefinida arranca sus primeros compases, el músico ocasional saca un violín que parece haber pasado al menos una guerra.
Rasga el violín y el abyecto indigente que entró en el vagón se transforma en un ser delicado, que extrae de su desvencijado instrumento una melodía tan excepcional como desconocida. Todo el espacio se colma de unos acordes plenos de fuerza y profundidad. El ambiente del vagón sufre una metamorfosis, una energía renovada recorre cada rincón, cada individuo. La música nos toca con manos intangibles en lo más hondo del alma a cada uno de los viajeros.
La melodía misteriosamente aún hoy parece resonar, habitar dentro. El concierto se mantiene por espacio de dos estaciones, un concierto plagado de encuentros sonoros que renuevan el ánimo, disparan una corriente de vital energía. Finaliza y el músico ocasional recorre el vagón en busca de el pago por su arte. Son contados los que entregan si quiera una moneda. Miro el euro que tengo en la mano y con cierto sonrojo le entrego una recompensa ínfima frente al beneficio aportado.
Pagamos con caridad el talento, una insignificante propina a cambio de transcender el oscuro muro mental que inunda el metro esta mañana.
Hoy la música nos ha salvado de nosotros mismos, de nuestra propia mediocridad, de la persistente negrura.

28 de febrero de 2013

Tono


Camino por una calle cualquiera de la ciudad, la nieve ha hecho su presencia hoy, y en su vertiginoso deshielo ha pintado todo de humedad; muros, calzadas, calles, todo cubierto de un tono mojado, pardusco.
Me sorprende el monocromatismo imperante, a lo que contribuye la intensa nubosidad que no deja pasar ni un rayo de sol, la luz es por tanto tamizada, uniforme, filtrada.
No obstante este mono tono dominante, me lleva a preguntarme sobre el color como hacía en la escuela, cuando aprendí que un color nunca es un color sino la resultante de la interacción de múltiples colores y que además, cada zona dentro de un mismo color tiene su dominante intrínseca que varía a cada momento, por la luz, por la ósmosis cromática del entorno…
Miré por tanto aquella acera grisáceo-pardusca por la que deambulaba, con la mirada del que investiga el color, como me enseñaron hace ya algún tiempo. Entornados los ojos dejando que aparezcan los colores que se ocultan tras la apariencia. Y allí estaban mimetizados con la naturaleza de la luz emanando matices, tonalidades, colores, gamas, un calidoscopio de colores.
La banda exterior “gris oscura” que interrumpe el uniforme mosaico de cuadrículas iguales, pasó del gris oscuro al azul ultramar con leves reflejos de bermellón en ciertas esquinas. El resto de la acera cambiaba de coloración a cada paso como si se hubiese derramado tintura de múltiples colores, una gran mancha de siena natural se fundía rápidamente en una plataforma púrpura que terminaba en un dibujo violeta.
Tonos verdes irisados aparecían ante los asombrados ojos, se desplegaban los ocres, naranjas, reflejos azules, un mundo multicolor que desaparecía al abrir del todo los ojos, reapareciendo en el instante que estos se entornaban de nuevo.
El juego duró un rato, qué magnífico tramo de calle, aparentemente gris, frío y desabrido, que sin embargo quiso abrir la puerta a su mundo oculto y polícromo.

13 de febrero de 2013

Igualdad


Con la llegada del último convoy del metro la salida expulsa una bocanada de viajeros. Es invierno y el frío intenso. La salida del metro es una enorme escotilla semejante a la abertura de acceso de un gigantesco hormiguero. De él manan ahora un número ingente de personajes que desde el punto de convergencia que es la boca de metro, divergen en el exterior dispersándose en todas direcciones.
Con movimientos rápidos, inquietos, se trasladan los recién nacidos del fondo de la tierra, seres surgidos de las catacumbas de una ciudad que se agita en una aparente búsqueda insaciable, siempre nerviosa, de pulso frenético. Una actividad ferviente impregna a cada uno de los individuos que manan a raudales al frío de un desapacible asfalto ceniciento.
Individuos rígidos, mecanizados, de convulsos movimientos que tienen algo de maquinal, de involuntario, son movimientos ajenos a sus propios dueños. Pero hay algo más inquietante en la escena, las individualidades se difuminan hasta que el conjunto toma la apariencia de un único individuo, un individuo colectivo.
Los colores, o mejor la ausencia de colores unifican el conjunto con pinceladas de irrealidad, todos los personajes llevan trajes oscuros, todos parecen uno y el mismo, la uniformidad es completa y la escena, decolorada, está como realizada en blanco y negro, un extraño aspecto de igualdad impregna una imagen más cinematográfica que real.
El frío contribuye a esta visión quimérica que hace de la realidad fábula y de la fábula realidad. Seres lejanos, grises, seres autómatas, seres extraños vomita esta mañana la boca del metro, como liberándose de aquello que no ha podido digerir, el resultado de una mala digestión. 
La mañana avanza y el uniformado aluvión humano se disuelve ahora, esperando paciente hasta la próxima hora punta, tan similar a esta como los términos de una igualdad.

16 de enero de 2013

Retrato con figura


Un torbellino rosáceo surge como de la nada ante mis atónitos ojos, el cerebro sufre cierto retardo en interpretar la histriónica imagen que acontece.
Es una mujer bañada, impregnada de rosa; larguísimo abrigo de piel rosa palo, pantalones de un fucsia destellante, calcetines de intenso rosa… Una extraña maniobra para desembarazarse del inmenso abrigo la hace perder pié, a lo que contribuye notablemente el arranque del metro, y en décimas de segundo el cerebro interpreta como cierta la amenaza de derrumbamiento de esta superestructura femenina sobre mí, valoro con desasosiego la amenaza, que de producirse, provocará sin duda lesiones.
Sin concluir de quitarse el abrigo y la chaqueta que lleva debajo, operación que realiza al unísono, inicia un arriesgado movimiento para sentarse y en un destello temporal pasa ante mi un inmenso trasero que logra, no sin dificultad, encontrar acomodo en el asiento contiguo. Un ademán de autoconservación ha hecho que me achique en el asiento hasta plegarme sobre mi mismo.
Una vez superado el sobresalto, intento recomponer la perdida compostura. Un suave pero intenso efluvio, como de verduras maceradas en una solución alcohólica invade el aire circundante. Dudo. No sé si se trata de un extraño perfume de esta neohippie o la exudación fermentada de su ingesta, vegetariana por supuesto.
Antes de que pueda profundizar en la emanación, salta hasta el asiento de enfrente, permitiéndome verla sin mirar.
Exhala una feminidad enfermiza, maltratada, una feminidad ausente de sí misma, empaquetada en una indumentaria indescriptible y remozada por estrafalarios adornos de perlas sintéticas que decoran el cuello y su papada, las orejas y hasta la cadena de sus gafas, estas, en un intento malogrado de estar a juego son de un rotundo rojo cereza.
No es una mujer gorda propiamente, se trata mas bien de una mujer expandida, que se vierte ahora entre dos asientos. Su mirada es aburrida, sin apreciable interés por el entorno, se diría que dormita despierta, un sonámbulo de ojos abiertos es.

Se ha dejado la manga izquierda del abrigo y de la chaqueta puestas, ya que no finalizó la maniobra para desembarazarse de ellas, y ahora, cuelgan hasta el suelo del vagón en despreocupada caída. Debe llamarse Elisa. Suena el freno del convoy y se abren las puertas, he llegado a mi estación.

17 de diciembre de 2012

Enfrente


Un sol tamizado de altas, vaporosas nubes gironeadas se adormece en un horizonte nimbado, un cielo de veladura que se cubre tras vaporoso visillo.
La luz grisácea impregna todo, incluso el aire tiene un resplandor plúmbeo que lo hace vibrante, magnético. Es una tarde gris y espléndida.
Recuerdos cercanos edulcoran la atardecida de un sol tímido que huye con su luz a otra parte.
Suena REM, música y lectura conforman un reino aparte, un universo propio alejado del entorno donde me muevo, siento la liberación de ese entorno, de lo que sucede, siento una tenue felicidad, el contorno de la libertad; libre de ideas, liberado del futuro.
El pijama prestado desprende un olor seco y hospitalario que me recuerda dónde estoy, transpira el eco de todos aquellos que vistió antes que a mí, pero su palimpsestico discurso no me inquieta, estoy en paz, libre también de toda aprehensión, la vida hoy es simplemente un grato acontecer.
Miro y veo la enfermedad en tercera persona, me siento libre de sus consecuencias, libre de su devenir, la música me lleva y el recuerdo de la luz de aquel atardecer me sosiega aún más.
No lloréis cuando me marche, no os arrodilléis ante el altar,
pasad ligeros sobre la nítida existencia cual nómadas, como los “hijos de la mar”.

25 de octubre de 2012

Noche


Los largos brazos de la noche se deslizan bajo mis pies, la tenue penumbra se torna oscuridad, avanzan las tinieblas, pardas, grises, negras...
La muerte mira desde la atalaya sin perder detalle, me sumerjo en aguas frías y oscuras sin percibir la realidad.
Ira, rebeldía, entrega…, una inconsistente línea de pensamiento desbordante, un clamor por el cambio, una obstinada idea de revolver los cimientos de la instalada realidad.
Miro un paisaje yermo y desconsolado, una llanura quemada por un insistente sol, miro la distancia a todas partes, el brillo del espejo en la mirada.
Luz azul, temor acrisolado, manto de esmeralda para la reconciliación del alma, capa de alabastro para el postrer temblor.
Largos brazos nocturnos me abrazan, como para quedarse, empujados por el opaco resplandor de una materia macilenta y melancólica. Pensamientos de agonía, leve cándido temor.
Ayer resplandecía, hoy apagado todo resplandor…, vida monótona se agolpa en la cocina, refulgente vida en el recibidor. ¿Dónde estás cuando ya me he ido?, ¿a dónde volverás, después de volver yo?
Volverá sobre la empalizada a crecer la hierba renovada, volverá la vida al corazón, la madurez, se pierde ahora en la nada, el resplandor es un eco de anteayer.
Enfrente un toro de brillante lustre, perlas de nácar gravitando sobre su testuz, miro sin ver el trascendente tiempo, veo sin mirar la menguante luz.
Fuegos de ayer iluminan ahora, luces de hoy sobre el monumental ayer, cambio ya el paso sobre el paso cambiado, cambia la luz brillo y resplandor.
Cansado estás de estar ya tan cansado, libre de pensar sobre el final del camino, camino libre de sólo pensar, cambia la luz de poniente, céfiro vaporoso que otorga halos de crepúsculo a la luz casi estival.

5 de octubre de 2012

Visiones


Espacio lleno, repleto, colmado de ausencias. Desierto, lugar de encuentro de ausencias, reunión de silencios. Nos reencontraremos en las llanuras abrasadas de soledad, entre la arena y el cielo. Vivencia en el vacío, contemplación de la nada, cuando el recuerdo es pura ausencia y el sentimiento melancolía.
Me sumerjo en la materia insustancial del recuerdo, palpo el frío fuego que te rodea, el ácido sabor de lo perdido. Recuerdos en blanco y siena, luz de invierno bajo sol ardiente, anhelos vitales cristalizados en polvo de arena.
Vislumbro dunas interminables, salobres llanuras, colinas vigilantes, líneas dibujadas de sol y pureza.
Cada instante vital es único e irrepetible, momentos fijados en la superficie indeleble del alma, instante único y último, viento cálido, seco, abrasado por el paso de los siglos, impregnado de estricta soledad. Cordura envuelta en magnético y permanente estío.
Sigo avanzo en un tiempo detenido en el oasis intemporal de la esperanza, tensa e irreflexiva espera, bonanza de tiempos mejores, búsqueda de la emergencia.
Veo la cálima envolvente, la erosión de la memoria, gritos sordos en la plenitud de la sordera.
Ánimo permanentemente renovado, tiempos binarios, hoy y pasado juntos, fundidos en cristalino abrazo.

21 de agosto de 2012

Perfume


Un rastro de perfume invade el aire, habitándolo desde su interior, un legado dulce y suave que se expande y amplifica. “Perfumes que cambian la vida”, podría ser un slogan para una campaña de publicidad, pero como puede un perfume cambiar algo, y más la vida, ¿tiene acaso el aroma algún vínculo con el cambio?, ¿se trata de un cambio permanente o único?, ¿puede ser el cambio único, no permanente?, ya que, si es único no sería cambio, al menos no permanente. Lo que es evidente es que el aroma permanece, introduciendo un cambio en el aire en el que se mueve, ¿se mueve el aroma?, claro, con el aire, se mueve, y permanece y cambia el aire, al menos su cualidad intrínseca, es decir que el aroma algún cambio ejerce, sí pero ¿cambiar la vida?.
El aroma persistía en el ambiente, generando un rastro a través del cuál se podía seguir a la portadora, digo portadora no porque me arrobe (@) el lenguaje no sexista, sino porque al ser un perfume netamente femenino se infería que su ser portante, era del género en el que la discriminación se hacía positiva, pero ¿puede ser positiva la discriminación?. El perfume persistía e insistía en atrapar toda pituitaria a su alcance, y era mucho su alcance, al menos en horizontal. Pensé: ¿y en vertical?, se extenderá también verticalmente ¿hasta dónde?, ¿hasta la estratosfera en algo así como una expansión infinita?, ¿puede ser infinita la expansión de algo?, sí del universo, o al menos eso dicen los tecnócratas de la ciencia, “el universo se expande desde el big bang de forma infinita…. y bla bla bla….”, pues el perfume igual, lo mismo deja su esencia indeleble en todo cuanto “toca”.
Lo cierto es que el aroma deja una huella impresa en el cerebro, que se almacena en forma de recuerdo, igual que podemos recordar un acontecimiento, un nombre o una cara, podemos recordar un perfume, a veces, asociado a sentimientos. Los aromas, como los sonidos crean un núcleo de recuerdos compilados, que se activan sólo con inhalar de nuevo el perfume o escuchar la melodía que los generó.
No logré saber cuanto tiempo llevaba oliendo aquel hechizo en forma de perfume pero parecía mucho; acaso el tiempo se detiene con el olfato, o tal vez se hace infinito, ¿otra vez infinito?, ¿otra vez el rollo del universo…bla bla bla…?, el caso es que el tiempo parecía alterado por la sutil percepción embriagadora del perfume, ¡pareciendo alterar el tiempo y el espacio!, ¡Cielos!, el espacio-tiempo alterado por un simple perfume, bueno simple sí, pero caro, pues se trataba de un perfume muy caro, es normal, para estar dotado de esa mágica propiedad debía de ser un perfume muy especial, y sabemos que todo lo especial en esta sociedad es caro, cuanto más especial más oneroso.
Aquel tiempo detenido…., ese espacio en expansión… Capaz que ese perfume podía cambiarnos la vida, pero ¿quién era la portadora de aquella maravilla hecha fragancia?, imposible saberlo, por el paso de cebra desfilaban decenas de viandantes ensimismados todos con aquel perfume, unos iban, otros venía, todos cruzaban a cierta velocidad, para inmediatamente ralentizar el paso, justo cuando la esencia suspendida en el aire fragmentada en millones de insignificantes partículas, alcanzaba como estímulo sensorial el cerebro, produciéndose el mágico efecto descrito tiempo-espacial.
Podría parecer, por la intensidad del efluvio, que la portadora había derrochado una cuantía inmensa de aquella loción, o que se había bañado en ella, o simplemente que la rotura del frasco había precipitado sobre su cabeza el preciado contenido, un contenido que después de impregnar a su propietaria amenazaba ahora con invadir la ciudad entera…, pero no era así en realidad; una sola gota de aquella esencia bastaba para embeber toneladas de aire, por eso era una esencia, una sustancia concentrada en su saturación, una gota de esencia.
El perfume tiene la cualidad también de generar en torno a sí una burbuja de sensaciones, un micro mar donde los sentidos se sumergen y quedan atrapados, aislados de cualquier otra realidad, realidad en sentido figurado, pues ¿es realidad un aroma?, o es la sensación que llega hasta el cerebro una percepción interpretada, ¿interpretada por quién?..., lo cierto es que nos sitia, apartando, alejando cualquier otra percepción, es como si el sentido del olfato, sólo a veces, cuando un aroma penetra con intensidad y gallardía hasta lo profundo, decía, es como si el sentido del olfato jerarquizara toda sensación seleccionando una entre miles y subordinando todas las demás.
El sitio del aroma, el asedio del perfume…. Decaía su intensidad invitando a seguir su huella horadada en el aire, un rastro color sol se confundía ya con los sonidos y las luces de una ciudad, que por ahora, no había sido totalmente conquistada.

12 de junio de 2012

Trabados


Un encuentro de tantos en cualquier lugar; la consulta del médico, la cola del cine, la red social... Rodeados de gente de la que nada se sabe, desconocidos reunidos ocasionalmente por una circunstancia fortuita, encuentro entre extraños, rostros por descubrir... Por encima, al lado, entre ellos, una red inapreciable se entreteje con una urdimbre cerrada; lazos intangibles estrechan la aparente distancia entre desconocidos, lazos invisibles, enlaces incorpóreos pero reales.
Cada uno relacionado estrechamente por un orden numérico con todos los demás, cada ser antecediendo y precediendo a otro, con el que le une un vínculo ordinal en la cola de la pescadería. Unidos por ligaduras ideológicas, votos que unifican el destino de desemejantes: desconocidos que opinando lo mismo desde realidades distintas se unen en modo invisible, para otorgar o retirar la confianza a un gobierno, a un partido.
Compradores compulsivos como somos, si mirásemos con los ojos de lo etéreo veríamos gustos semejantes por similares productos, entre consumidores del todo desconocidos.
Vínculos identitarios que nos ciñen más a aquél que a éste otro; su manera de vestir, de expresarse, de andar...
Apetitos vinculados, que nos acercan a quien nos atrae, alejándonos de quien nos disgusta.
Vínculos de situación; problemas similares, asuntos familiares, dudas, deseos, miedos...
Las incertidumbres, otro nexo humano; ciudadanos de países enteros compartiendo inciertos ecos de futuro, el temor a la muerte, el sufrimiento, la desafección…
Apetitos, pensamientos, espacio habitado en común, el planeta. Esferas de afinidad que dibujan infinitos hilos imperceptibles.
En este panegírico de relaciones humanas en el que estamos inmersos, ¿dónde cabe retirar la asistencia sanitaria a un enfermo por no ser español?, ¿dónde, hacer de la homosexualidad un mal a repudiar?, ¿dónde cabe rescatar a entidades financieras privadas dejando hundirse al ciudadano?
Los vínculos que vemos, pero sobre todo los que no vemos, nos mantienen unidos a la tribu, porvenir común, lugares comunes… En este universo contemporáneo toda  desigualdad sigue vigente, olvidamos nuestros vínculos pensándonos separados, diferentes, mejores, pero los lazos que nos unen nos delatan como miembros de tribus, tribus de uno.

14 de mayo de 2012

Concreto


A veces siento el dintorno de lo concreto que asciende llenando de matices el entorno, es entonce cuando huyo ante la presión de lo concreto, ante la dictadura de la forma definida, ante la palabra exacta exenta de toda vaguedad.
Mi alma me aleja de la gente concreta, de las relaciones precisas, de lo esteriotipado, huyo de ese territorio marcado por infinidad de rastros, de huellas que van dibujando un mapa del otro, de los otros concretos, delirantemente precisos, inconfundibles ellos. Estas señas territoriales son como las marcas que los cánidos dejan con su orina como vestigios de sí mismos impresos en un área, una huella personal e inconfundible, marcas semejantes a la concreción de formas, palabras y relaciones que establecen los seres humanos.
Concreciones cinceladas en la conciencia del otro, traza indeleble con afán puramente definitorio, influyente, son estelas que imprimen los demás para perdurar en nosotros, son impresiones que nos dejamos hacer para poseer al otro en su ausencia.
Huyo de la condena del pensamiento subyugado por los sedimentos de reliquias concretas, légamo que se deposita en la mente, en el alma. Prisión incondicional decretada en torno a lo concreto, al ser concreto de los otros, al no ser yo que prospera y se concreta.
Prisión concreta, libertad en abstracto.
Me abstraigo en abstracto, hasta que te desdibujas, perdiendo forma y contenido, te alejas hasta desvanecerte en remoto, cede lo concreto poco a poco y la mente abstracta recupera su abstracta libertad, su independencia más total; no esto, no aquello, nada me influye demasiado, nada me alcanza en exceso, me sitúo de nuevo en la equidistancia, anhelada atalaya desde donde divisar la nada.
Desafección por cuanto me circunda, borrachera de libertad o delirio de soledad…

19 de abril de 2012

Goce


En un entorno absorto en la taumaturgia de la posesión: posesión de dinero, propiedades, objetos, salud, trabajo, personas, doctrinas, dogmas…, en una creación entregada a la liturgia del mercado, donde el delicado aroma de la flor o la fina inteligencia humana son meras mercancías objeto de compra-venta, poseer es un fin en el que naufraga la civilización.
Poseer eso, pertenecer a aquello, son dos vertientes de una misma cima por las que se desliza el ser-consumidor. Extraña evolución: de adeptos a súbditos, de ahí a ciudadanos para culminar en consumidores.
Yo poseo, tu posees, el posee, nosotros poseemos, poseímos y poseeremos,… o tal vez somos poseídos.
Frente al delirio de ostentar, reclamo la simpleza de gozar, de gozar de las cosas sin necesidad de poseerlas, sin querer, sin poder poseerlas. La imposibilidad de adquirir una sonrisa no le resta un ápice a la capacidad de disfrutar de ella, ¿quién puede poseer una caricia?, o una mirada, ¿quién atesora la palabra de consuelo, quién un pensamiento?. El deseo de poseer es mero conformismo con un goce interino, pues la posesión tiene implícita la perversión de la pérdida y la inapetencia por lo ya poseído.
Gozar, disfrutar sin el yugo de poseer, es un acto de sublime libertad, sin subordinación a la propiedad, con concesiones mínimas a la ambición del deseo, un ejercicio de provisionalidad permanente.
La vida en dosis, a veces homeopáticas; disfrutar hoy de hoy, mañana es una entelequia, poseer una ilusión. Posesión y poseedor, bipolar juego de dominios donde objeto y sujeto se desdibujan intercambiando sus papeles, ¿poseedor o poseído?, qué es qué en cada instante....

19 de marzo de 2012

Tao I


Voy buscando caminos de lo abstracto, senderos de lo indefinido, de lo infinito por tanto, lo misterioso, lo abismal, lo intangible… lo inmaterial. Huyendo de la férrea vía de lo figurativo, de lo concreto, lo definido, lo formal, lo explícito, lo tangible, lo material.
Dudar, dudamos en abstracto, las certezas son territorio de lo concreto.
Profundo, impenetrable, oculto, recóndito, incomprensible, abstruso es lo abstracto. Un lugar difícil de habitar, región de lo inasequible.
   “El Tao que puede conocerse no es el Tao”
Universo nominal, expresión de lo concreto. El lenguaje como definidor del mundo. Un nombre… un objeto: mesa, árbol, piedra, fuente…, pero y ¿pensamiento?, flor, río, casa, trabajo, coche…
   “La sustancia del mundo es sólo un nombre para el Tao”
Nombres, definiciones, palabras, claves, clasificaciones, bases de datos construyen la realidad del hombre, haciendo de la existencia un todo concreto. Miedo al abismo, temor indeterminado a lo abstracto, a lo innombrable.
   “Desde el no-ser comprendemos la esencia del Tao, desde el ser, sólo vemos su apariencia”
Experiencia concreta, pensamiento en abstracto, materia y espíritu entrelazados. Fusión entre lo inconcreto; cualidad de la que queda excluido el sujeto, y lo concreto; afirmación del sujeto en el significado del atributo.
   “Ambas cosas, ser y no-ser tienen el mismo origen aunque distinto nombre. Su identidad es el misterio”
Nombres, palabras, definiciones, etiquetas que van conformando una suerte de saber, sabemos acerca del mundo por medio de las palabras que lo nombran, que lo colman de descripciones con todo lujo de detalles. La ciencia y la religión como formas de verdad, estrategias de poder y de gobierno.
   “Enseña al que sabe a no-obrar. Actúa sin acción, y nada quedará sin ser gobernado”
Andando por las indefinidas derrotas del Tao.

7 de marzo de 2012

Empatía


Apareció de improviso en el semáforo de la esquina, como para importunarnos. Surgió un día cualquiera en medio de la crisis. Su atuendo y aspecto no dejaban lugar a dudas de sus intenciones y situación. Desde aquel día fue fiel a su cita en la confluencia de las dos calles. Cada mañana, llegaba andando desde el rincón del paso elevado donde vivía y se plantaba en el semáforo, para mayor desazón de los ya desesperados conductores, que de camino al trabajo, se veían obligados a detener su vehículo ante aquella luz roja, ahora con inquilino.
La prisa, la individualidad, el hedonismo, alejaban a los que le veían de aquel abyecto ser, que pedía una limosna desde el extremo de un universo, apenas separado por una ventanilla.
Su oriundez, su desaliño, la mirada dura y esquiva, las manos oscuras, el pelo fosco y ralo, su lenguaje gutural, más propio de animal que de ser humano, lo situaban en los márgenes de la compasión.
Nadie le daba lo que pedía, o lo que se interpretaba que pedía, ya que era imposible entenderle. Nadie le daba nada; ni una limosna, ni una sola caridad, ni una mirada de aliento, ni una sola palabra de consuelo, ni un mínimo momento de atención.
Los conductores, invadidos de prisa, sumergidos en el convulso movimiento de la ciudad y de la vida, ignoraban a aquel ser detenido en el semáforo. Algo en su inmovilidad lo hacía especialmente diferente, sospechoso, desemejante del dinamismo y la premura de los conductores.
Había algo en su actitud relativo a la velocidad de movimientos que lo diferenciaba, lo distinguía, era una velocidad indigna de este “primer mundo” y algo más propia, por lo habitual, de ese que llamamos tercero, hasta en su mirada había una flema parsimoniosa que contrastaba con la precipitación con que vivía el entorno.
Su pobreza no se movía ni un ápice día tras día, su miserable condición permanecía inalterable, pareja a su tardo proceder. Como si de un designio se tratase permanecía en él siempre el mismo aspecto, el mismo tempo, el mismo inmundo lugar en que morar. Era un ser incómodamente invisible, situado en un umbral del que los exquisitos ojos occidentales no tenían registros. Un ser inalcanzable, lejano, en las antípodas de la holgada comodidad a la que incomodaba.
Siguiendo el mantra de todo habitante de gran ciudad, la gente hacía como que no le veía, cuidándose de no cruzar, ni por descuido, con él la mirada. Sólo se percibía que había sido detectada su presencia, por el precipitado cierre automático del seguro de las puertas o por el intento esquivo de eludir la línea del semáforo, adelantando o retrasando el vehículo.
Pero también estaban los abiertamente incomodados, ciudadanos incontenibles en la expresión de su disgusto por lo que consideraban una especie de ultraje a la excelencia, en la que pretendían vivir. Si un día aparecía fumando, eso refutaba su criterio de que la indigencia era simplemente un mal en el que algunos se habían instalado, si no ¿cómo era posible que pidiera dinero para gastarlo en cigarrillos?, estaba claro que era simplemente un haragán del que no se podía esperar un acto de voluntad que lo distinguiera. Como si los “civilizados ciudadanos” no tuvieran vicios ni perversiones de ninguna clase, como si el modelo consumista compulsivo sólo alcanzara a los ejecutivos o a los enamorados.
El invierno arreció aquel año y una mañana de lluvia y tenue luz, mientras pedía entre los coches, un motorista lo arrolló más de diez metros en la calzada. Los civilizados conductores, armados de sus teléfonos móviles hicieron casi cien llamadas a los equipos de socorro, sin bajarse de sus coches.
Esta vez sí, todos sin excepción, le miraron yacer inmóvil sobre el invernal asfalto.

27 de febrero de 2012

Desierto II


Concentración de espacio en esencia de tiempo, síntesis de pasado, resumen de culturas, crisol de abundancias, riquezas, miserias y credos.

Nada.....

...Todo.... Sencillez....

Línea sinuosa entre realidades distantes, cercanas; lluvia y seco, exuberancia y parquedad, más y menos.

Lugar equidistante, pasión de encuentros, fortaleza de arenas y vientos.

Infinito que tiende a cero, mar de arena, reflejo opaco del cielo, voces muertas, ...prisión de silencio.

Ausencia..., pura y descarnada ausencia

Desierto, desnudo, despoblado, desolado, deshabitado, desmantelado, deslumbrante, descuidado, desocupado, desapegado, desesperanza, despersonalizado, despiadado, despilfarro, desheredado, despintado, desplomado, desplazado, desposeído, descatalogado, despreocupado, desprendido, despojado, desprovisto, despejado, destellante, destino, desterrado, desuso, desvaído, desvalido, destronado...
Desierto, puro y duro desierto

Principio y fin.... Desierto, multitud de ausencias...

Vaguedad en la mirada, retazos de realidades enterradas, sepultadas en infinitas partículas de ausencia, tormenta de ausencias

Puente entre abismos de realidad; pasado y futuro, norte y sur, camino hacia el primer mundo, camino por el último de los mundos, camino por veredas ásperas y austeras, imaginarias, sendas azimutales, senderos imposibles entre arenas y estrellas.

Realidad de tierra, omnipresencia y concreción de tierra

No concepto, no civilización, no parcelas, no marcas, no correcto, no diferencias, no nación, no rectas, no estado, no derechos, no consumo, no global, no economía, si economía, no occidente, no mass media, no news.... ausencia, solo ausencia....

Tránsito, vida en tránsito, obnubilación de arena

Y debajo?, que hay debajo?, arena solo arena, un infinito dibujado de arena, acaudalado océano de sílice, marea de derrotas, retazos de sueños imposibles, universos cambiarios de vida y muerte.

Esencia de ausencias...

OLVIDO

Sueños de lluvia en estío permanente, ecos de voces... árabes creo, caravanas vetustas, hábitos viejos, mentes oxidadas en la costumbre, estrafalarios de almas, pasión y culto, color y vida, lo de antes, lo que fue y es, el ayer que no vimos, lo pasado, el mas descuidado de los olvidos.

Otra mirada..., introspectiva, ensimismada, varada en el umbral de otrora. Mirada ancestral que traspasa el tiempo, el tuyo, el mío, surgiendo en el estrepitoso silencio, hollando el aire, penetrando el desierto

Grito ahogado, aullido sordo rompiente de la frágil entelequia, la desajustada e injusta forma de vida que nos aleja del desierto y sus susurros, susurros de poeta.

Desierto de sueños

OPULENCIA

Actividad monocroma, gris sobre gris de fondo

Actividad, efervescencia, frenesí de opulencia, consumo, derroche, prisas, libertad, lo laico, presencia de Estado, historia, cultura, humanismo y civilización sobre millones de muertos.

Parcela, metro cuadrado, economía, lo tuyo, lo mío, lo privado: privado de anhelos, privado de amaneceres, de autonomía, privado de amor, amor privado, objeto de culto, culto por el éxito, adoración del lujo, dogma de fe, luces de neon...

...Suspenso de silencio, desierto de sueños..., falta de verdad, sed de tiempo...

DESIERTO

Sed de desierto sin tiempo...

Vivencia infinita, página en blanco, escrito en la arena, nombrado en el viento...

Continente....

...Contenido...

...todo y nada, ausencia de ausencias, puente de silencios.

4 de febrero de 2012

Equidistancia


Súbitamente, como de improviso, se encontró a muchos años de distancia de cualquier lugar. El pasado quedaba lejos, como lejos el futuro, y lejos el presente esquivo. Se vio a sí mismo ocupando una atalaya, una suerte de pedestal desde el que se asomaba al mundo. Desde aquel solitario otero lejos quedaban el amor y los amantes, lejanos los amigos y la amistad, érase un alcor distanciado de lo divino y de lo humano.
Un escalofrío sacudió aquella visión solitaria que lo situaba en el páramo de su existencia y un vacuo horror lo conmovió. La luz alcanzaba a encender la enfermedad del alma en el ambiente de aquel tiempo irreal, tiempo suspendido, tiempo equidistante.
La sensación vital de equidistancia, se convirtió en una pulsión, una suerte de revelación que lo situaba a igual distancia de ninguna parte. No soñaba. Un rastro de desasosiego se abrió camino entre la imagen que dibujó su mente; un amplio paisaje semidesértico y monótono tan solo interrumpido por un pequeño promontorio alrededor del que habitaba la nada, era la imagen de la zozobra de aquel que se sabe solo y alejado de toda posibilidad de salvamento, la tribulación del naufrago.
Imagen nítida, yuxtapuesta a un torbellino de sensaciones que desfilaban ante él a gran velocidad; tristeza, temor, angustia, pesar…, un hondo pesar le sumergió en la complacencia de sí mismo, como cuando de niño se refugiaba en torno a la aflicción.
Se sobrepuso, examinó de cerca pero con distancia el coro de sensaciones y pensamientos, que se iluminaban a la luz tenue de aquel sorprendente descubrimiento.
Vivía en la equidistancia, una equidistancia que lo alejaba  del mundo tanto como de sí mismo, de los objetos como del sujeto, del fondo tanto como de la forma.
¿Pero dónde estaba aquel lugar ignoto?, ¿cómo había llegado hasta allí? ¿cómo no había visto aquel páramo hasta ese momento?. La luz del alma iluminaba la enfermedad del espíritu y la luz no se retiraba, veía, ahora veía, aunque aquella enigmática visión no tuviese cabida en ninguna parte, ni relación identitaria alguna.
Se encontraba realmente a años de distancia de todo, años de distancia le separaban del que fue, de los recuerdos, de los anhelos e ilusiones, de aquello que amó, de todo lo que quiso, de lo que quería y de lo que pretendía ser, lejos estaban las cumbres solitarias, las risas juveniles, los temores de infancia. Lejos ayer, hoy y mañana, lejos el éxito y el fracaso.
En un indicio de extinción inevitable vislumbro el ser nada, la vacuidad absoluta, entendió lo accesorio de la vida, lo frugal del devenir, la quietud de no ser. Atisbó la solidez de la muerte frente a la fragilidad de la vida.
Era un hito, un zenit temporal alcanzado, un espacio equidistante y revelador, sobrecogedor y ambiguo, los días del advenimiento habían concluido, dejando paso al tiempo de la emergencia.

26 de enero de 2012

Luz


Habitamos en un mundo de luz, sumergido entre las más profundas tinieblas. Milagro de Luz en el oscuro, bañando los objetos y la materia inanimada, luz insuflando vida a la vida. Luz en las cosas y entre ellas, luz que dibuja y colorea contornos en los mundos de la materia, mientras traza el dintorno del espacio entre medias. Luz en el umbral de nuestra forma de vida, luz vital vivificando el tiempo.

Luz en el objeto y en el sujeto, luz inmaterial y luz sustancia, cuerpo de luz, entidad, forma, naturaleza, obra y materia, sustancia, valor, fuerza y elemento.

Luz vespertina y crepuscular, luz en tu ojos, en tu mirar, luz luminaria, fuego, aureola, luminosidad, brillo y refulgencia, claridad, fulgor, halo, relámpago, ráfaga, rayo, onda y partícula, luz de vida.

Filamento de luz en la perpetua noche universal, vehículo veloz y certero. Hermes cósmico penetrando un mundo oscuro y tenebroso, portador de noticias de pasadas épocas. Vemos hoy la luz que fue y sigue siendo, luz que en permanente viaje por el espacio en expansión lleva en el seno de su retina inmaterial formas, vidas, gestos…, luz esencia del pasado, luz de presente, futura luz, incandescencia nómada permanente y pasajera.

La luz, fuerza que nos mueve entre las sombras, sombras que nos alcanzan, nos ciegan, sombras que nos cercan, nos rodean. Buscar la luz, ver la luz , sentir el rayo de luz que guía nuestras vidas entre la incertidumbre del oscuro.


La ciudad despertó hoy de las sombras, sumergida en una presencia tangible de luz invernal que competía en protagonismo con todo aquello a lo que bañaba, luz nueva, renovada a cada instante, una luz recién estrenada.


21 de enero de 2012

In memoriam


Paseo al borde de simas insondables, entre abismos cargados de ayer. La memoria infatigable agita la mente y el alma, briznas de pasado encadenadas en transparencias de sentimientos.

Una fosa se abre a mis pies, profunda, incierta, enigmática cavidad cuya visión perturba como piedra lanzada al lago, las ondas del pensamiento.

Te vas, me quedo y cada marcha es un hito en el inmaterial camino del espíritu, es un trazo, una marca en la piel, una cicatriz que nos acompaña siempre.

No hay despedidas ante la muerte, ni adiós, ni hasta luego, ni hasta la vista. Todo cede, todo se aparta, tan sólo la contemplación de la abismal cuenca queda.

Te vas y una particular visión se pierde y sin embargo queda, permanece. Una visión concreta y precisa en la mente del Universo, un movimiento único en el cortex de un cosmos que conspira por perdurar, una mirada única y magnífica que enriquece con su visión el Universo entero.

Has venido aquí, a investigar, a conocer, a descubrir, a aprender. No mires todo esto por lo que ves o por lo que crees que es, este es sólo un lugar de prácticas, un colegio, un laboratorio en el que experimentar sin perderse en el experimento.

Has venido aquí y pronto te iras, aprovecha a Vivir la Vida y deja de vivir la vida. No dejes que el decorado te impida ver la obra, no permitas que los juguetes sean el objeto del juego, no consientas por más tiempo perder el tiempo en lo accesorio no renuncies nunca de lo importante.

Vienen a la mente aquellas enigmáticas palabras; “antes de que Abraham fuera, Soy”.

19 de diciembre de 2011

Positivo


Amanece, observo en intenso contraluz las siluetas de las grandes torres de Madrid, enmarcadas en la cristalera del salón.

Amanece, y el tibio color aún indefinido tiñe la atmósfera de malva y plata. La escena está aumentada, como por un catalejo, es ese curioso efecto de “relatividad espacial” que produce un paisaje o un gran espacio abierto cuando un marco lo encuadra a nuestra vista.

Una visión extraña me hace advertir algo sorprendente en este cuadro matinal; una de las torres es ostensiblemente más ancha en la cúspide que en la base, la visión no ofrece dudas, es claramente una suerte de esbelta pirámide invertida, me asalta la extrañeza de no haberme dado cuenta antes.

Amanece y las sombras y las luces se difuminan, se confunde, contornos y dintornos se superponen alterando la realidad.

Me aproximo, según avanzo el efecto de aumento se convierte en su contrario, la fracción de torres enmarcadas en la cristalera y de apariencia gigantesca, se alejan a medida que disminuyen de tamaño, mientras se amplía el horizonte. Es un zoom inverso y la escena en su conjunto cobra amplitud en tanto objetos y formas  empequeñecen.

La luz de la alborada ilumina las torres, iridiscentes ahora en sus reflejos metálicos, y el fondo aún en tinieblas se confunde en un oscuridad resistente a la aurora.

Salgo de mi asombro entendiendo la confusión; desde la imagen ceñida a un marco, la luz dibujaba el fondo y la oscuridad contorneaba la silueta de las torres, haciendo ver a la principal más estrecha en su base que en su ápice, la imagen era el negativo de la realidad, pero tan contundente y concreto que se estableció en la evidencia de la verdad.

Imagen en negativo que como todas tiene su positivo intrínsecamente adherido a él, visión extraña que determina la capacidad de confusión de la mente ante cualquier imagen, que como ilusionista avezado, nos confunde transformando la realidad del entorno. Más también revela  la pluralidad de imágenes y de acontecimientos, encontrando tanto en estos como en aquellas visiones calidoscópicas de la realidad, en las que un simple moviendo hace aparecer o desaparecer fragmentos de cristal o figuras enteras.


No hay mal sin bien, no bien sin mal, no hay suceso negativo que no implique un valor positivo y viceversa, por mucho que en algunos casos sólo seamos capaces de ver el lado más oscuro, como imagen enmarcada en el ventanal de nuestro particular salón, del que siempre podemos salir o al menos movernos.

22 de noviembre de 2011

Al viento


No supieron anticipar el rolar de los vientos y la vida les dejo en la encalmada. Tarde comprendieron que los vientos, como la vida no siempre están disponibles para nosotros.

La juventud se despacha la vida a grandes sorbos mientras la edad madura teme por ella.

Buscaba el viento en cada amanecida, al medio día, al atardecer, sólo aflojaba su angustia de anochecida, cuando el recogimiento y la oscuridad invitaban a la retirada, una retirada de si mismo.

La vida se había alejado tanto que podía verla frente a sí, sentimientos tan diferentes de aquella otra vida habitada desde dentro, tan reciente y tan lejana…

¿Cuántas vidas hay en cada existencia?, ¿Cuántos habitaciones habitamos en ella?

Un leve y perturbador sentimiento de lejanía invade la tensa calma, este no pasar nada, eterna espera, incierta, volátil y temerosa calma…

Atrás quedaron los días en los que corrientes benignas y vientos prodigiosos hinchaban las velas e impulsaban las naves de nuestras vidas.

Prisioneros, esclavos, atrapados por la ausencia de la más leve brisa, privados del hálito de impulso de vida, ni ráfaga, ni cierzo, ni aquilón, ni soplo ni ventisca, alejados del tiempo.


Falta viento y aire. Sean cuáles sean las dificultades de la navegación, la fórmula es siempre la misma: nunca... nunca... nunca... te rindas.

4 de noviembre de 2011

¿Desesperanza?


¿Qué vamos a hacer con la desesperanza?, desaliento labrado a fuego por un modelo de vida desatinado y condenado al fracaso.

Qué haremos con el vértigo de quién no encuentra trabajo, qué con los desahuciados, qué con los parias del tercer mundo que mueren de hambre a diario, qué con tantas expectativas segadas por una economía que todo lo devora.

Pero sobre todo, qué vamos a hacer con el ejército de desheredados de esa clase media, movida por un deseo de consumo frenético carente de expectativas de ser colmado.

Legiones de jóvenes y adolescentes consumidos por el deseo de un consumo que no podrán satisfacer, esclavos de su propio anhelo inalcanzable, enfrentados a una realidad que les corta el paso, ahogados en la tensión de la desigualdad.

Porque la igualdad ya no es un asunto social ni tan siquiera un derecho, hoy la igualdad, la relación igualitaria inter pares depende del nivel de consumo que se ostenta. Un nivel de consumo que, cuál espejismo, ha mantenido a las clases medias occidentales en la ensoñación de una riqueza sustentada por las deudas.

No saldremos indemnes de este descalabro que va más allá de una crisis financiera, económica o de confianza, estamos ante una crisis sistémica que orada los cimientos de un modelo de pensamiento y de una actitud ante la vida. Modelo especulativo y suicida incorporado al ADN de la humanidad entera, un modelo en el que el deseo nos aleja de lo que somos.

Lo que empezó siendo un mero malestar, difuso, inconcreto, se va materializando poco a poco en la indignación del que percibe que sus cimiento son de barro y luego, tal vez, sobrevendrá la catástrofe, entendida como cambio rotundo de modelo. Y mientras esto le sucede a la ciudadanía, los gobiernos niegan la mayor, miran hacia arriba, sin entender, sin saber que “cuando los de abajo se mueven, los de arriba se caen”.

Hemos hecho dejación de decisiones en favor de unas élites que sólo velan por su subsistencia y por el interés de los afines a su mundo estratosférico e ilusorio, un mundo que se desmorona ante la atonía generalizada.
Vivimos un momento de reemplazo, reemplazo de la opulencia por la necesaria contención, de una hegemonía occidental que cede ante la pujanza de Asia, un momento de revisión de la preponderancia de la globalización económica frente a la localización de los problemas y conflictos, un tránsito desde una realidad enfrentada a lo virtual a una condición humana mestiza virtual-real. Asistimos a la mutación del estado del bienestar, garante hasta ahora de la paz social, en el malestar creciente con el estado. El patrimonio de la clase media es hoy una cárcel para la liquidez.

Necesitamos un cambio del paradigma económico que como poco recupere la base del capitalismo puro (aunque sólo sea eso), haciendo valer la producción frente al poder de la pura especulación, se hace necesaria la introducción de valores en los mercados para poner freno a la depauperación de millones de vidas humanas, por convertir alimentos y materias primas en futuros financieros.

Un mundo entero obrando para beneficio de bancos y especuladores, debe modificar algo su trazado, o nos saldremos de él en alguno de los giros.